por Julio Gerez
Cuando las alianzas no pasan de una colección de nombres y sellos y la ideología es reemplazada por discursos basados en la conveniencia.
La política correntina atraviesa un momento donde las alianzas, más que sumar fuerzas, parecen acumular contradicciones. Hoy, quienes alguna vez fueron adversarios ideológicos comparten cartel en actos, listas y discursos, como si el pasado hubiera sido solo una anécdota… o peor, una conveniencia.

El ciudadano común —ese que mira desde la vereda sin manuales ni cargos— lo nota. Lo siente. Porque si alguien se hubiera dormido hace diez años y despertara este viernes, seguramente preguntaría si se trata de un carnaval político o de una metamorfosis sin pudor. Y al recibir la respuesta, se confirmaría la sospecha: las ideologías están ausentes, o se disfrazan para sobrevivir.
La frase popular “todos se comieron sapos” ya no es solo una metáfora: es casi una descripción literal del paisaje partidario. La coherencia perdió terreno frente a la necesidad de ganar, de permanecer. Y lo camaleónico dejó de incomodar para convertirse en norma. Lo que antes generaba escándalo, hoy solo genera indiferencia.
Esta licuación de ideales afecta profundamente la credibilidad de la política como herramienta de transformación. Porque ¿cómo creer en un proyecto si sus protagonistas parecen intercambiables? ¿Cómo construir futuro si los cimientos ideológicos se disuelven en acuerdos de coyuntura?
En Corrientes, lo que está en juego no es solo una elección. Es la posibilidad de recuperar el sentido, el rumbo y el compromiso. De volver a creer que las alianzas pueden ser una unión de principios y no solo de nombres y sellos.
P/D: Este editorial está inspirado en un comentario de nuestro lector Gustavo Azuxxx, en su persona agradecemos el compromiso de comentar en nuestro portal y agradecemos su vocación cívica.
