CASSANI MIENTE ANTES DE IRSE

Pedro “Perucho” Cassani, presidente de ELI y eterno operador de la Cámara de Diputados, no perdió su talento para la mentira ni siquiera después de la debacle electoral de agosto. Con cinismo, el goyano aseguró que su partido se sumó a La Libertad Avanza por “identidad ideológica” y no por especulación. Falso: lo que Cassani busca, y lo dejó claro en la reunión con Karina Milei y Martín Menem, es un cargo para su hijo Pedrito, candidato derrotado y símbolo del fracaso familiar.

Cassani habla de ideología, pero actúa por conveniencia. Su discurso es apenas la coartada de un operador que convirtió la política en negocio familiar. Aprovechó la reunión con Karina Milei y los primos Menem, para insinuar que un lugar como Consejero de la EBY sería el lugar adecuado para su hijo Pedro. En la Entidad Binacional Yacyreta hay un lugar vacante en el Consejo de Administración y, además, cabe la posibilidad de que el correntino Facundo Palma -referenciado con Camau Espínola- “renuncie” en diciembre.

La mentira como método

Cassani no improvisa. Su discurso sobre la “identidad ideológica” es apenas un disfraz para encubrir lo que realmente mueve sus decisiones: la supervivencia de su estructura y la búsqueda de privilegios familiares. La reunión con Karina Milei y Martín Menem no fue un gesto de afinidad doctrinaria, sino una negociación explícita para rescatar a Pedrito del fracaso electoral.

La especulación disfrazada de doctrina

El discurso de Cassani sobre la “identidad ideológica” es un recurso gastado. No hay doctrina, hay cálculo. La supuesta afinidad con La Libertad Avanza se derrumba frente a la evidencia: lo que se negocia no son ideas, sino cargos. Cassani convierte la política en un mercado de favores, donde la palabra “ideología” funciona como etiqueta vacía para encubrir la especulación más cruda.

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La Cámara como guarida de privilegios

Las maniobras de Cassani en la Cámara de Diputados son legendarias. Se dice que logró extender la duración del mandato de la presidencia de uno a dos años mediante un acuerdo con otro partido: a cambio de ese voto, se modificó la normativa del Defensor del Pueblo, que pasó de tener un solo cargo a contar con un titular y un adjunto. No fue un gesto institucional, fue un trueque político que consolidó privilegios y aseguró más espacios de poder.
Cassani convirtió la Cámara en un laboratorio de especulación, donde cada reforma responde a la lógica del beneficio propio. La mentira es apenas la superficie; debajo está la maquinaria de acuerdos que garantizan continuidad y blindan intereses familiares.

La impunidad como refugio

La causa Piramys, abierta en 2016 por enriquecimiento ilícito, tiene a Cassani al borde del procesamiento. Durante años esquivó la responsabilidad apelando a sus fueros de legislador, pero el Superior Tribunal de Justicia correntino ya dictaminó en su contra. La realidad es clara: mientras conserve su banca de diputado, no podrá ser detenido. La presidencia de la Cámara es apenas un accesorio, un título que refuerza su poder pero no su inmunidad.
Cassani no miente por error ni por cinismo ocasional. Miente porque la mentira es el cemento de un sistema que le asegura privilegios, acomodos familiares y blindaje judicial. Su discurso sobre “identidad ideológica” es apenas la máscara de un operador que convirtió la política en negocio personal. Hoy, en franca decadencia…

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