Colombi custodia la “tierra sin mal” y ensaya un payé para frenar al innombrable. El alquimista que convierte arena en oro, dólares o pesos – da igual – se siente favorecido por las encuestas que siguen el modelo “diario de Irigoyen”. No todo está perdido, se rumorea… Y la novela sigue.
Mientras Valdés juega al alquimista, Ricardo Colombi suda resiliencia. No se rinde. Se embarra. Apechuga.colombi-resiliente-
Como no es médico, se volvió curandero.Y como no cree en milagros, se convirtió en exorcista.
Porque en su propio terruño —Mercedes, tierra que conoce como la palma de su mano— Valdés le plantó tres listas a intendente. Tres. Como quien dice: “Acá mando yo”.
Pero Colombi, que ha sobrevivido a internas, traiciones y hasta a sí mismo, no se achica.
Se tiene fe.
Y cuando se tiene fe en política, se puede hasta resucitar.
UNA BATALLA SIN PIEDAD
Dicen que el pombero ambicioso —ese que ve a Corrientes como el patio de su arenera— no tributa ni en la provincia. La empresa familiar, según murmuran los que saben, paga impuestos en Misiones.
Pero quiere gobernar Corrientes como si fuera su estancia. Con peones obedientes, intendentes decorativos y radicales domesticados.
Colombi no compra ese modelo. No vende su historia. Y aunque le planten listas, le nieguen recursos o lo quieran jubilar con honores, él sigue.
Porque sabe que, en política, el barro no ensucia: fortalece.
Y si hay que exorcizar al pombero, lo hará.
Con boina blanca, con mate amargo y con memoria larga.
Si sabrá de lagunas el carpincho, y como pocos, se da cuenta que el atrevido quiere convertir la provincia en el patio de su arenera. Por eso, rebolea ajo y ruda a paso firme. Para el exorcismo ya hay fecha…
