COLOMBI SABE EL QUÉ PERO NO EL CÓMO

Ricardo Colombi sabe lo que quiere pero no está encontrando el como lograrlo. Pasa el tiempo y la estrategia comienza a encontrar dificultades insalvables.

Ricardo Colombi camina. Pero, a su paso, dejá abiertas varias incógnitas. La primera y más acuciante es que, con su figura no alcanzaría. La segunda, es que su cruzada no encuentra una identificación incontestable, no puede autodefinirse como oposición porque es el padre del actual oficialismo. Y, la tercera, es la carencia de referentes de aquilatada influencia territorial y probada capacidad de gestión.

LA DECISIÓN LIMITANTE

Desde el año pasado Ricardo Colombi mantiene su decisión inmodificable: ser candidato a gobernador. Sembró una aspiración pero, en las perspectivas de la cosecha, no consideró el clima político, la aparición de plagas y el surgimiento de variantes varias.

Sabía perfectamente qué pretendía. No puede asegurarse que en el mismo instante tuviera el plano de cómo lograrlo. Hoy ya no se sabe si fue un desafío a los que quieren jubilarlo -casi estarían lográndolo-; o, si representaba la manifestación romántica de un sueño imposible.

El tres veces gobernador, figura política innegable de los últimos 25 años de la vida política correntina, no es un improvisado. Sin embargo, en materia electoral, lo fáctico no es fruto de un solo elemento. Por el contrario, los resultados son una sumatoria de circunstancias y actores que superan la individualidad. Aunque la persona sea el tótem que se elige.

Sin pretensión de verdad absoluta, podría decirse que, muy diferente sería la situación de Ricardo Colombi si no hubiera sentenciado que su candidatura a gobernador no admitía discusión u opciones.

COLOMBI SABE

Colombi tiene claro que el escenario político está convulsionado. Que los partidos políticos y las ideologías ya no representan el rumbo del destino de los ciudadanos. Aún así, sin partidos y sin ideas, es dificil participar y más incierto prometer.

En la praxis, su estrategia de hoy es más intuitiva y pasional que fundada en razones y posibilidades. Es casi imposible trazar un vínculo entre la incertidumbre o el descontento y las preferencias de 900 mil electores. Apelar a los antecedentes de “buen manejo” en “situaciones críticas” no es garantía de respaldo. Inclusive, los nuevos votantes ya no escuchan la opinión de los que ya han votado. La decisión está influenciada por una rebeldía individual, resultante de la atracción irresistible de lo disruptivo y lo conocido disfrazado de novedad.

Da la impresión que Colombi se percató que la laguna está repleta de tiburones. Que el instinto de supervivencia de la clase política impone un sálvese quien pueda. Y que la amenaza latente habilitó gestos de barbarie traducidos en canibalismo político.Sin embargo, prefirió mantenerse en el estilo “abuelo bueno” y hasta se volvió fraternal.

Pero, el “contrato social” -¿nuevo?- que casi en la intimidad pretende darle forma y contenido, se desmorona ante una realidad cruda: el discurso imperativo es yo soy la solución. El nosotros es un adorno. Y el ustedes, una quimera.

LA CERTEZA

Viendo el escenario, Ricardo Colombi, deberá esperar que las dudas evolucionen hacia las certezas. Es que, ninguno de lo sectores que pretenden disputar la gobernación y el “resto” de los cargos, exhibe posicionamientos definitivos. Hasta el 30 de junio habrá especulaciones. Y luego, hasta el 12 de julio, los nombres de los posibles candidatos aumentarán la incertidumbre.

Y quizás, la mayor confusión esté generada por la identidad de lo que representa el oficialismo y la conformación real de la oposición. La alquimia entre alianzas y rupturas no tiene límites para la imaginación.

Colombi no es inmune a la realidad política correntina. A pesar de su experiencia, su ascendencia y su estrategia minamalista, la firmeza de su decisión está sujeta a ¿cómo lograr hacerla realidad?

Es decir, sus atributos personales no están respaldados por una identidad definida ni por un equipo visible. Es Ricardo Colombi. Punto.

Prenderle velas al santo, no garantiza el milagro. Pero, hay fe. ¿Alcanzará?

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