por Renata Rada
En Corrientes los debates son una utopía. Con seis aspirantes a la gobernación, los que deberían hacer oir su voz, prefieren el silencio. O la publicidad. Solo dos candidatos han arrojado el guante del desafío trascendental e imperioso. Pero… parece que la oportunidad a decir o escuchar verdades es menos importante, para algunos…
Debate de ideas. Rendición de cuentas. Exposición de planes o proyectos realizables, concretos. Que lujo! Pero no, la mayoría de los aspirantes al gobierno de los correntinos rehúyen el compromiso.
En una provincia que se encamina a una elección clave el próximo 31 de agosto, el silencio de los principales candidatos a gobernador resulta ensordecedor. Mientras la ciudadanía espera propuestas, explicaciones y confrontación de ideas, los aspirantes que han ocupado —o aún ocupan— cargos públicos parecen esquivar el ejercicio más elemental de la democracia: el debate.
¿POR QUÉ CALLAN QUIENES DEBERÍAN HABLAR?
Gustavo Valdés, actual gobernador, ha ungido a su hermano Juan Pablo como candidato oficialista por “Vamos Corrientes”. Ricardo Colombi, tres veces gobernador, busca una cuarta gestión, esta vez aliado con sectores del peronismo. Lisandro Almirón, de La Libertad Avanza, se presenta como el abanderado de la “libertad” pero ha cerrado filas con figuras de la política tradicional. Martín Ascúa, intendente de Paso de los Libres y referente kirchnerista, también está en carrera.
Todos ellos tienen algo en común: ejercen o han ejercido funciones públicas, y ninguno ha pedido licencia para hacer campaña. ¿Cómo se interpreta que quienes han administrado el Estado rehúyan el debate público? ¿No deberían rendir cuentas, explicar sus planes, contrastar sus visiones?
LOS QUE SÍ SE ANIMAN
Paradójicamente, los únicos que han mostrado disposición al debate son quienes no provienen del poder institucional. Teke Romero, del partido debutante “Ahora”, desafió públicamente a Ascúa a debatir. Sonia López, histórica dirigente del Partido Comunista, propone una agenda de izquierda con énfasis en salarios, tierra y producción. Ambos representan espacios sin alianzas con estructuras tradicionales, y ambos han puesto sobre la mesa propuestas concretas.

¿DEMOCRACIA SIN DELIBERACIÓN?
La Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) organizó un debate entre candidatos a intendente, pero sin medios ni transmisión pública. En el plano provincial, el silencio es aún más grave. Martín Ascúa pidió un debate con Juan Pablo Valdés, pero no hubo respuesta. ¿Qué mensaje transmite esta negativa? ¿Que el poder se hereda, no se discute? ¿Que la gestión se presume, no se explica?
EL DEBER DE DEBATIR
No debatir no es neutral. Es una forma de ejercer el poder sin someterlo al escrutinio ciudadano. Es una estrategia que privilegia el marketing sobre el contenido, la consigna sobre el argumento. Y es, sobre todo, una falta de respeto a los votantes, que merecen saber qué piensan quienes aspiran a gobernarlos.
En Corrientes, donde la política parece girar en torno a apellidos repetidos y alianzas recicladas, el debate sería una bocanada de aire fresco. No es solo una oportunidad para contrastar ideas: es una obligación democrática.
