DE “MAR-A-LAGO” HASTA “LAGUNA-A-CHARCO”

EL PRESIDENTE FUE HASTA MAR-A-LAGO A BUSCAR SU PREMIO Y NUESTRO RAMÓN LAGUNA (ñe’ẽ puku) SE INSPIRÓ EN EL FENÓMENO BARRIAL PARA RECORRER ALGUNAS LAGUNAS EN LAS CERCANÍAS DEL PODER… A SU REGRESO SOLO TRAJO MALAS NOTICIAS Y MEDIA DOCENA DE TORTA PARRILLA… SU PREMIO.

Entre Mar-a-Lago y Laguna-a-Charco hay grandes diferencias. Pero algunas similitudes permitieron, por lo menos, por instantes sentirnos casi como un fenómeno barrial.

Lo cierto es que me saqué las ganas y también anduve cerquita de las canchas de golf. Allá, para el lado de Santa Ana, donde los poderosos afincaron sus humildes casitas.

A diferencia del suertudo presidente que anda de premio en premio por diferente lugares de éste planeta, a mí se me antojo ir a buscar algunas respuestas sin que me invite el tío Donald y solito nomás, sin comitiva ni chupamedias a cuesta.

De entrada nomás ya comenzaron las diferencias. El premiado anda en avión, yo pasé frente a Camba Punta a bordo de un poderoso colectivo de la línea suburbana, el cual hay que valorar no tanto por el servicio y sí por su perseverancia después de tantas décadas de hacer el mismo camino. Dicho sea de paso, tuve suerte, apenas tuve que correrlo treinta metros para poder abordarlo. Gracias a mis alpargatas turbo, pude alcanzarlo o todavía estaría esperando…

En el trayecto descubrí que vivimos de eternas promesas. La vista de un camino en obras me recordó que transitaba por el túnel del tiempo y que aquello que mis ojos contemplaban, todavía era la famosa autovía. Digamos, en construcción, o por lo menos en aparente amague dinámico. Una excepción gracias a la generosidad del presidente que aflojó unos pesos para que la obra continuara.

Ya ingresando en la ruta 43 percibí que por estos lados el primer mundo está en su apogeo. Lindos ranchos, negocios -no, negociados- y emprendimientos de todo tipo floreciendo a la vera del camino. Un lujo. Aunque lejos de ser Miami…

VI FIESTA Y ENTRÉ…

Llamó mi atención la aglomeración de chatas 4×4 y bólidos importados en la entrada de algunos ranchos. Pero como no escuché barullo y no divisé el humito llamador que surge de las parrillas, seguí de largo.

No anduve mucho más allá que, desde lejos ví una mansión artísticamente iluminada. Y pensé “lo que debe recaudar la DPEC por estos pagos“. Me aproximé tanteando el ambiente con el olfato nomás… Y sí, el olorcito era inconfundible, terrible asadito a la estaca. Por acá la crisis está solo en los diarios.

Un portón imponente marcaba la diferencia y servía de marquesina para un cartel en letras de molde tallado en madera noble que describía “Welcome to Cambicha Ranch the pearl of Laguna-a-Charco“. La pucha -pensé- ¿y ahora? ¿cómo hago para colarme?

Por suerte, mientras cavilaba en las excusas a esgrimir para poder internarme en ese paraíso del primer mundo, el morocho tamaño placard cuatro puertas de la entrada se acercó diligente.

Don Ramón ¿cómo anda? -dijo mientras extendía sus brazos y sonreía como si estuviera por recibir un regalo de cumpleaños-.

Y acá ando chamigo, curioseando un poco para no perder la costumbre… -le respondí dubitativo-.

Bienvenido -me dijo-. Y agregó el periodismo no está invitado, pero usted es un columnista, mucho más que un periodista…

Gracias chamigo -respondí entusiasmado a sabiendas que el privilegio en éste caso era más una condena que un gesto de admiración-.

Antes que nada Don Ramón, tengo que advertirle que la fiesta es muy exclusiva. Si bien no se sabe si el jefe máximo va a venir, aunque lo haya prometido, vale la pena degustar unas iguarías y estar rodeado de hermosas fémeas…

Y bueno chamigo, vamo a ver como se baila esa música que está sonando… Los de Imaguaré no son… Pero vamos a intentarlo.

  • No creo que tenga tiempo para mover las tabas… Acá se morfa, se aplaude, te entregan un recuerdo y chaú che… Pero metale Don Ramón, pase y aproveche.
  • Gracias chamigo, voy a ponerme al día con las novedades -le respondí mientras me mandaba para adentro alisando mi pilcha de gaucho escriba-.

LA FIESTA… ¿QUÉ FIESTA?

En Laguna-a-Charco no había dos presidentes. Ni siquiera un gobernador. Por eso me advirtió el morocho patovica que quizás el jefe máximo solo hizo una promesa.

Igual, el local bien ornamentado con símbolos varios, estaba lleno de gente y de políticos. Anduve mariscando entre las mesas, con el oído atento a algún dato confesional… Pero nada. Los muchachos -y las fémeas- estaban en otros temas…

Me paré en un rincón y observaba mientras ponía en uso los escasos conocimientos de lectura de labios. Me hice el guiso… Lo que se decían por compromiso es más falso que promesa de gitano cuando te dice el motor está 110% a nuevo.

Mientras algunos miraban de reojo al piojo que vino esperanzado para encontrarse con el gobernador, otros aprovechaban para sacarle el cuero al jefe máximo que al parecer prefirió otros compromisos en vez de acercarse al fogón. Y bueno, por lo menos morfaron -no de arriba, tuvieron que garpar- y se codearon con la crema de la crema. ¿Quién te quita lo bailao?

PREMIO MACA(NA)

El premio MACANA no sirvió de consuelo. En medio del discurso que el piojo intentaba leer, los comensales aprovechaban para festejar al asador y empinar las copas. Cosas de Laguna-a-Charco… Parece que el primer mundo o en todo caso el poder, no educa ni distingue… Pero, que te empoma, te empoma.

Despechado y al borde de una incontinencia intestinal, en silencio y sin gestos de rock star, el piojo se mandó hacia la salida. Detrás, la valijera desparramaba push de perfume ambiental para disimular la urgencia.

Si hay fracaso que no se note. Algo van a inventar con la ayuda de Majul y los alcahuetes de siempre, pensé…

Mientras rumbeaba para la salida me cruce con algunas caretas y varios caraduras. Un par disfrazados de bomberos; y el infaltable socio activo de todos los gobiernos, el Mono, que a través de su hijo maneja la basura -además de otros curros-.

Algunas lindas guaynas, hoy funcionarias, le pusieron glamour a la velada. Quién diría… al jefe máximo le faltan recursos humanos y además de recurrir al hermanito, tiene que inventar referentes capacitadas… Por las dudas no googleen, porque las imágenes abundan… La capacidad, para gestionar la cosa pública, no.

DE SALIDA

Salí en soledad. El piojo ya estaba rumbo al aeropuerto. El morocho patovica me despidió con una sonrisa mientras balbuceaba: te lo dije… La venganza del pueblo, pensé…

Colectivo a esa hora ni soñar. Pedir un uber implica gastar lo que no tengo -aunque otros se empeñen en gastar lo que me falta-. Comencé a caminar por la banquina… No hice ni diez metros que un haz de luz cero kilometro me pegó de lleno en las pupilas… Pestañeé. La luz era de un vehículo que hasta a cinco pasos olía a nuevo…

Buenas -me dijo el acompañante que se bajó del vehículo casi en movimiento-.

Hola chamigo -respondí-.

-Que anda haciendo patrón por estos lados -murmuró mientras me observaba sin disimulo-.

Volviendo al rancho le respondí. Mientras comenzaba a tantear en mi bolsillo la billetera donde tenía mis documentos, porque el vehículo -flamante Toyota Híbrido de U$S 50 mil- era de la policía y obvio, el que se bajó aún de civil era también un policía.

-No hay mucha seguridad por acá, si le parece lo acercamos hasta la ciudad… porque todavía le faltan unos 10 kilometros -propuso solicito-.

Bueno chamigo, ya que estamos, vamos aprovechar mis impuestos -le dije con tono de jefe-.

Y así estrené mis asentaderas en una SUV japonesa recién adquirida para que algunos comisarios -esta es la excepción- se vareen por las calles de Corrientes. Tan solo para hacer uso de un bien del Estado caro, mal utilizado…

DE REGRESO…

Los dos policía de civil al comando de la nave insistieron en llevarme hasta casa. Dudé, pero transigí. Dejenme frente a la tercera en Ferré y Santa Fe, les dije. Sonríeron…

No vivo en el sector de la ciudad al que el intendente Tassano califica como la Miami correntina. Mi morada está a cinco cuadras de la comisaría. Bajé de la Toyota Híbrida -un lujo sin sentido, torturante- y crucé la avenida.

En la banda sur me esperaba un recorrido de cinco cuadras supuestamente iluminadas por “luces LED” mal colocadas, algunas apagadas y otras pestañeando. De entrada me cruce con un sobreviviente que empujaba un carrito enclenque lleno de cartones. A cincuenta metros, sobre la asfaltada ex vía, siendo las 1 de la madrugada, un cúmulo de basura servía de “mina de oportunidades” para una pareja de cirujas -ellos también votan-. Zigzagueaba entre los yaguás sin o con dueños que viven en la calle, más allá de la propaganda costosa que el “Cuqui” te vende con la tenencia responsable.

Llegué a casa. Pericles me recibió desde su jaula con su eterna frase de protesta: ¿Quién lo voto a éste fenómeno de caricatura que no sabe leer, se disfraza, te miente, y encima se caga? Mi loro no es un hijo de puta… Tiene una visión cruda de una realidad que a los correntinos, nos cocina.

Hice oídos sordos. Entré a casa. Ignoré la computadora y me desplomé sobre el sillón de mimbre que heredé de mi abuela. Prendí un pucho y pensé…

Que mal estamos… hacia donde vamos… quién tiene la fórmula para despertarnos de esta pesadilla.

No sabía si prender la radio o ponerme a rezar. Algo andaba mal. O todo. No les da la suma. Se garcan en la Constitución. Nos vendieron un payaso que grita. Insulta. Habla con sus perros. Te curra con las cripto. Renegó de todos los que le ayudaron. Te aumentó todo y promueve el perecimiento de los viejos. La supresión de derechos. La eliminación de la salud pública. De las universidades estatales. ¿Quién puede estar bien?

La respuesta es individual. A cada uno lo suyo. La casta, la anterior y ésta, siguen chupándonos hasta la dignidad.

Me saqué las alpargatas. Sonreí resignado. Voy a tratar de soñar. Aunque después de MAR-A-LAGO, hasta LAGUNA-A-CHARCO se convierte en una pesadilla.

Por Ramón Laguna (ñe’ẽ puku*)

*Lengua larga.

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