(Entre Laclau y Arendt)
por Colibrí Mensajero
La otra tarde, paseando por Plazoleta Italia me encontré con Juanpi, un viejo amigo futbolero. Decidimos cruzarnos a Café Martínez por una merienda tardía. Mi amigo me comentó que estaba releyendo a Ernesto Laclau para un trabajo en la Facultad. Entre café y medialunas, me dijo que se le había ocurrido aplicar sus categorías —especialmente la de los significantes vacíos— para interpretar el fenómeno Milei. La idea lo entusiasmaba: veía en el “basta de la política corrupta” y en el concepto de “la casta” un ejemplo perfecto de cómo un significante difuso puede articular demandas dispersas y constituir un “pueblo” frente a una élite.
Yo lo escuchaba con atención. Admití que su razonamiento tenía lógica: Milei logró instalar un “ellos” tan contundente como impreciso, capaz de reunir frustraciones de todo tipo. Pero al mismo tiempo le señalé las limitaciones de este enfoque. “¿No te parece —le dije— que Laclau se queda corto para entender lo que está pasando ahora, cuando la economía no arranca y empiezan a aparecer casos de corrupción dentro del propio oficialismo?”

El espejo de Laclau
Mi amigo insistía: “Justamente ahí está la clave, la hegemonía se erosiona porque el significante vacío se vacía demasiado. ‘La casta’ deja de funcionar si los tuyos también son casta, y si la promesa económica no termina de arrancar, el discurso pierde su centro de gravedad”.
Le concedí el punto. Pero enseguida agregué: “Ese es el problema de usar solo a Laclau: su marco es fuerte para explicar cómo Milei llegó al poder, pero débil para explicar cómo gobierna o se desgasta. En realidad, ya lo vimos antes: Laclau sirvió para entender el ascenso del Kirchnerismo, que con la idea de ‘pueblo’ y ‘proyecto nacional y popular’ “absorbió” todos los discursos de centroizquierda, progresismo y variantes intermedias. Sin embargo, la propia corrupción institucional terminó erosionando ese proyecto, mostrando que los significantes vacíos no alcanzan para sostener en el tiempo una hegemonía cuando la práctica contradice el discurso”.
El retorno de lo político
Le propuse entonces mirar la situación desde Hannah Arendt. “Ella decía que lo político es el espacio donde los hombres aparecen juntos, iguales y distintos, para hablar y actuar. Milei reduce todo a economía, a técnica de ajuste. Eso —le dije— es lo opuesto a la política entendida como libertad y acción plural”.
Mi amigo levantó la ceja. “Entonces vos pensás que lo que estamos viendo en las derrotas de Buenos Aires o de acá en Corrientes no es solo un retroceso electoral, sino el retorno de lo político en sentido arendtiano”.
“Exacto, pero acá juega lo local, que eso es otro partido”, respondí. “Cuando la promesa económica no alcanza y el discurso de la ‘casta’ se contradice con la realidad, emergen nuevas voces, resistencias, coaliciones provinciales. Arendt nos recuerda que la política no se puede sofocar: siempre retorna, porque la pluralidad es parte de nuestra condición”.
Laclau y Arendt en contraste
En ese punto, la conversación se volvió un contrapunto de autores:
– Laclau sirve para entender tanto el ascenso del Kirchnerismo como el de Milei: en ambos casos, un significante vacío (“pueblo”, “la casta”) articuló demandas dispersas y construyó una identidad antagonista.
– Pero en ambos casos se mostró insuficiente para explicar el desgaste: en el Kirchnerismo, la corrupción institucional; en Milei, la crisis económica y las contradicciones internas.
– Arendt, en cambio, nos ayuda a ver que el vaciamiento de la política en favor de la economía o del antagonismo no puede durar. La política —como espacio de acción común— siempre regresa, y lo hace cuando la pluralidad social se manifiesta en resistencia, en elecciones, en protestas o en coaliciones imprevistas.
Conclusión: entre dos miradas y un campo inclinado
Al terminar el café, acordamos que ninguna teoría alcanza por sí sola. Laclau ilumina el mecanismo que llevó tanto al Kirchnerismo como a Milei a construir un pueblo frente a un enemigo. Pero Arendt nos advierte que esa construcción no puede sostenerse si niega la pluralidad y reduce la vida pública a consignas o fórmulas económicas.
Como el tiempo se nos agotaba por los compromisos futboleros, quedamos en seguir la conversa el próximo encuentro. Ya con el saludo en la mano deslice a modo de despedida: “El desafío también lo tiene tu tocayo y su hermano, cuesta sostener la hegemonía acá en Corrientes, aunque tenga el campo de juego inclinado, a la larga todo se agota”. Porque, al fin y al cabo, lo político se parece mucho al fútbol: no basta con una buena estrategia inicial ni con un relato que enamore a la tribuna. Tarde o temprano, el partido se juega en condiciones cambiantes, con rivales que no se rinden, con un terreno que nunca es del todo parejo.
Y en ese terreno inclinado, como diría Arendt, lo político siempre retorna: en la sorpresa de una jugada, en el imprevisto de una derrota, o en el simple hecho de que nadie juega solo, sino siempre con y contra otros.
Para seguir leyendo
Para entender a Hannah Arendt
1. La condición humana (1958): su obra clave sobre la acción, la pluralidad y lo político como espacio de libertad.
2. Sobre la revolución (1963): analiza las revoluciones modernas y el sentido de la política más allá de lo social.
3. Los orígenes del totalitarismo (1951): un estudio sobre el nazismo y el estalinismo, que muestra cómo se degrada lo político cuando se reduce a ideología y violencia.
Para entender a Ernesto Laclau
1. Hegemonía y estrategia socialista (1985, con Chantal Mouffe): texto fundacional del posmarxismo, donde aparece la noción de hegemonía discursiva.
2. La razón populista (2005): su obra más influyente, donde desarrolla la idea de significantes vacíos y lógica populista.
3. Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo (1990): una profundización teórica sobre hegemonía y democracia radical.
