¿QUIÉN CUIDA A LOS QUE ENSEÑAN?
por José Guillermo Alfonso
Tras la pandemia, el agotamiento docente ha escalado de estrés a urgencia psiquiátrica. Mientras el Estatuto provincial ofrece un marco teórico perfecto, la realidad en las escuelas se debate entre el silencio cómplice y la burocracia que estigmatiza.
La pandemia nos dejó cicatrices que van más allá de lo económico o lo sanitario; nos dejó un sistema educativo con las costuras a punto de reventar. Durante el confinamiento, la comunidad educativa sufrió una metamorfosis forzosa: los padres tuvieron que aprender a ser tutores pedagógicos y los docentes se convirtieron en soportes técnicos y emocionales 24/7. Fue una época de aprendizaje brutal sobre la brecha digital, donde compartir un único celular entre tres hermanos no era la excepción, sino la regla.
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