Hay tres aspirantes a la bendición de Milei: Lisandro Almirón; Ezequiel Romero; y Ricardo Leconte (h). Un trío con características muy diferentes. Oficialmente, solo uno formalizó su candidatura. ¿Cómo juegan con vistas al 2025?
Son tres los aspirantes a convertirse en el “candidato” del presidente Javier Milei con vistas a las elecciones provinciales del 2025.
Lisandro Almirón, actual diputado nacional “libertario”, en los papeles el “mandamás” de La Libertad Avanza autóctona.
Ezequiel “Teke” Romero, uno de los primeros “libertarios” confesos en la provincia, y el único que ya formalizó su aspiración.
Ricardo “Caíto” Leconte (h), un liberal con ADN indubitable, con sólido sustento ideológico y un historial afín.
TRES ASPIRANTES Y TRES HISTORIAS
Hay similitudes. También coincidencias. Los tres son políticos, porque nadie es candidato pretendiendo ser “artesano” o “astronauta”.
Son la expresión de una franja etaria sino concordante, por lo menos asimilable. Entienden la nueva política y la practican, cada uno a su estilo.
Los une la profesión, los tres son abogados. Coinciden en la misma pretensión, quieren ser candidatos al mismo cargo; por el mismo espacio político; y en el mismo turno electoral.
¿Qué los diferencia? Sus historias…
TRES MOSQUETEROS
Lejos de la “historia” que Alejandro Dumas le regaló a la humanidad con su novela “Los tres mosqueteros”, los tres referenciados en esta oportunidad, son personajes reales de carne y hueso.
Cada uno de ellos encarna un proyecto general con un rasgo personal y un condicionante. La aspiración de ser, que surge de sus decisiones personales. Y la dependencia, porque ser o no ser, está en manos de otra persona que en definitiva será quien decida.
En esa circunstancia trascendental, la decisión de Javier Milei, radica el nudo Giordano de esta cuestión.
No será fácil, para quien decida. Tampoco para quien sea el elegido. Mucho menos, para los dos que resulten postergados. Y, para colmo, el que decide -indefectiblemente- tiene como característica sobresaliente tomar decisiones inesperadas. Fiel a su estilo.
¿Y si el candidato fuera otro dejando en el camino a estos tres pretendientes? La historia dirá: “No eran tres los mosqueteros… había un tapado”. Ojalá no sea D´Artagnan…
INTERROGANTES
Hay infinidad de preguntas sin respuestas. Sobre todo, en política. Pero veamos, se puede afirmar que estos tres aspirantes al mismo honor ¿se complementan?; ¿compiten?; o ¿cada uno juega su propio juego?
Solo ellos pueden definir qué hacen y por qué. Sobre todo, porque las indefiniciones marcan la agenda del día a día y para el día “D” falta mucho. ¿O poco?
Los tres ya amalgaman su estrategia. Los tres piensan en opciones o planes alternativos. Los tres, siguen pendientes íntimamente, aguardando una señal concreta de aquel que decide por sobre el proyecto o pretensión de cada uno.
La incerteza no es caprichosa. Es consecuente. Tiene raíces comunes y definiciones únicas. Por ejemplo, los tres ya enarbolan su propia “batalla cultural”. Una “muletilla” de índole sociológico que no termina de germinar en el territorio.
Surge otro interrogante, ¿la “batalla cultural” es concordante con las necesidades y expectativas del electorado correntino? ¿O es tan solo un instrumento primario que los tres adoptaron para mimetizarse con “el mensajero” principal?
Más adelante se sabrá. Cuando necesiten hablar imprescindiblemente de lo que les interesa a los correntinos.
FORTALEZAS Y DEBILIDADES
Nadie es perfecto. Almirón, Romero y Leconte gozan de fortalezas propias y debilidades inherentes.
Es política. Y, como la misma forma parte de todo y de todos -aunque no lo admitamos conscientemente- cada ciudadano tiene un concepto formado de los tres, general o individualmente.
Ese multitudinario abanico de impresiones sobre los tres protagonistas es un interrogante sin respuesta concreta. Hoy, el “trío”, tiene quienes los respaldan y también, sus propios detractores.
Se supone que cada uno de ellos sepa que deberá potenciar sus fortalezas y menguar la toxicidad de sus debilidades. Es una tarea para ya. Una vez en el baile, va a ser difícil conformar a 900 mil electores con discursos retóricos y promesas impracticables.
ESTÁN EN CARRERA
Los tres. Lo saben. Pero cada uno juega su propia estrategia. Es lógico, al final, son proyectos que por lo visto no convergen al mismo punto de llegada. Un concepto derivado del análisis del comportamiento de cada uno de ellos.
Son aspirantes. Tienen un objetivo visible y alternativas in pectore que no saldrán a la luz, por ahora.
Ezequiel “Teke” Romero es de los tres, el único que ya está corriendo. Blanqueó que aspira a ser candidato por el espacio que lidera Javier Milei. Hace su tarea. Más como puede, que como le gustaría. Pero ya está transpirando su camiseta…
Lisandro Almirón, el “caballo de la comisaria”, hace uso y abuso de su rol institucional como diputado nacional del espacio. Hace la lógica. Pero, deja expuesta su incapacidad de ejercer un “liderazgo natural” y está condicionado irremediablemente “al dedo” que lo bendiga como candidato.
Ricardo “Caíto” Leconte, tiene sus ventajas: la relevancia de su identidad ideológica; un camino político definido y constante sin “atajos” ni maniobras “contradictorias”; y su vínculo previo a quien hoy tiene la potestad de decidir. Pero, todavía no logra solidificar un instrumento electoral y su “equipo” sabe que va a competir, aunque no tenga la certeza en que disciplina deberá demostrar sus habilidades y condiciones.
UN VERANO INESTABLE
Para estos tres aspirantes a convertirse en un candidato firme y respaldado, lo que les depara el próximo verano, es máxima inestabilidad sin posibilidades de pronóstico confiable.
Deberán enfrentar tormentas repentinas; mudanzas de clima y de estrategia; e inclusive cargar en la mochila ropajes para diferentes estaciones climáticas y realidades políticas.
Independientemente de su sensación corporal o las acciones que hayan decidido, estarán sometidos a quien encienda o apague el aire acondicionado en Buenos Aires.
Pero, también deberán estar pendientes de que por obra del destino, aparezca el “tapado” y ponga a funcionar un horno en el que los tres terminarán “cocinados”.
