por Julio Gerez
Tres candidatos a la gobernación de Corrientes, por ahora. Mientras, el oficialismo gobernante en la provincia no encuentra la fórmula que le asegure continuidad. En paralelo, un conjunto de espacios busca un mecanismo que le permita seleccionar su mejor candidato. Desde la “Casa Rosada” analizan las opciones y revisan las encuestas.
No es un escenario especial, es lo común en Corrientes: la agitada vida política en cada turno electoral.

Una actividad partidista y proselitista, con escaza o inexistente coherencia ideológica, potenciada por la renovación de los ejecutivos provincial y comunales.
Esa circunstancia periódica, marca un fin de época. Para algunos, porque no pueden ser reelectos en sus funciones y, para otros, porque subsidiariamente dependen del perfil de quien acceda a la máxima investidura: gobernador.
TRES CANDIDATOS
Ricardo Colombi; Ezequiel “Teke” Romero; y, Martín “Tincho Ascúa, son los candidatos lanzados en la pretensión de ocupar el sillón de Ferré.
Cada uno con características político institucionales que los diferencian inconfundiblemente.
Colombi, el padre de la alianza que gobierna hace más de 20 años; legislador provincial de la bancada oficialista; ex presidente del Partido que mayoritariamente concentra las decisiones políticas en ejercicio del gobierno, fue el primero en apartarse del camino preestablecido y anunció su postulación el año pasado. Advirtiendo que bajo ningún concepto renunciará al desafío de competir.
“Teke” Romero, un actor político cuyo origen tiene sus raíces en la revolución mediática libertaria, consagrado como candidato hace dos años a una banca en el Parlasur; fundador de su propio partido político “Ahora”; un intérprete de las propuestas y metodologías del presidente Javier Milei.
“Tincho” Ascúa, quizás el único candidato surgido de un proceso institucional -pasible de varios cuestionamientos- partidario, surge de la elección interna del Partido Justicialista. Sin posibilidades de reelección en su cargo de intendente -Paso de los Libres-; con el antecedente de haber sido uno de los promotores de la “liga de intendentes” que, parece mentira, armó listas paralelas por fuera de su propio partido en elecciones anteriores; sindicado como un insospechado pero habilidoso constructor de oportunidades, al punto que logró promocionar a su hermana Celeste, desde una intrascendente concejalía a una banca de senadora provincial.
¿Qué elemento en común tiene estos tres candidatos a la gobernación? Ninguno. Salvo, la aspiración.
EL LABERINTO DEL OFICIALISMO
Gustavo Valdés es la reminiscencia de un estilo ya conocido: personalismo, verticalismo y concentración ilimitada.
Valdés pretende, como tantos otros, prestar el poder que adquirió cuando Colombi, se lo prestó. El gobernador no disimula su interés en la continuidad de su influencia. Nada importan las excusas esgrimidas: el proyecto y el equipo. Lo que el actual gobernador pretende, ante el impedimento de eternizarse al frente del Ejecutivo, es que el eventual sucesor respete a rajatabla el poder que el mandatario posee y representa. Sin esa garantía, Gustavo Valdés sería víctima de una tragicomedia repetida. Le pasó a Colombi, con su primo Arturo; y, por error de cálculo o falta de olfato, le pasó también con Gustavo Valdés.
Como el refrán popular señala, sobre llovido mojado. Hoy, Valdés, gobernador en ejercicio y presidente del partido que escribe e instrumenta las reglas de la Alianza gobernante, transita sin instrumentos en medio de la “neblina” apenas apoyándose en su dialéctica y su híper promocionada gestión, la difícil tarea de proponer -no imponer- un sucesor.
La interna del radicalismo, ordenó la gestión administrativa del partido. No, las diferentes visiones, interpretaciones y ambiciones de quién debe conducir la continuidad en la preeminencia del poder.
Además, la alianza oficialista desnuda carencias y contradicciones que no satisfacen a las segundas y terceras líneas que, usualmente: ponen la cara, juntan los votos y reciben los reclamos por las promesas no cumplidas.
Es un hecho, Valdés, la alianza que gerencia y su propio partido, están a las puertas de un abismo conceptual: todos repiten el mismo sermón, pero confiesan -y ya lo han hecho públicamente- aspiraciones que colisionan con la ambición de quién debería poner orden.
VUELA LA “ALONDRA” SÍMBOLO DE LOS RENEGADOS
¿Cómo se ordena un espacio que nuclea intereses y orígenes contrapuestos? Es la pregunta que el “Grupo Alondra” sintetizó en una respuesta condicional: la promesa de un modelo de gestión diferente.
Actores reconocidos y con experiencia. Con posicionamientos cambiantes y a veces, poco asimilables. Pero, lo más destacado que se manifiesta como interrogante del sentido común ¿qué puede cambiar con los mismos de siempre?
No es una observación caprichosa: es historia, hay pruebas fácticas. Tampoco una crítica destructiva, apenas la manifestación de lo que el rumor ciudadano tiene como interrogante principal ¿cómo, por qué y para qué se juntaron quienes son parte del pasado inmediato y del presente cuestionado desde la “otra vereda”?
Es difícil considerar una construcción sólida y confiable con tantos ingredientes de complicada asimilación.
Pero es una opción. Todavía sin una “fórmula” que represente un proyecto serio. Es decir viable, y ejecutable, sin excusas y con objetivos y metas realizables.
LIBERTARIOS AL ACECHO
La realidad es irremplazable. El destino político de las provincias tiene una sucursal de intereses y decisiones en Buenos Aires.
El instrumento electoral del gobierno nacional, cuya existencia es resultante del hartazgo y la falta de confianza, más que del éxito de una posición ideológica, necesita imperiosamente plasmar identidad propia en cada ámbito político institucional.
Así, aunque se considere este turno electoral nacional como el escenario para ampliar la base ideológica legislativa del gobierno, no está demás considerar ampliar su presencia territorial en elecciones provinciales como son las que se llevarán a cabo en Santiago del Estero y Corrientes.
En específico, Corrientes, puede ser una oportunidad para afianzar un modelo o, por lo menos, para deducir que repercusión tiene el proyecto mileísta- libertario, en comunidades cuya realidad está a años luz de manifestarse como acordes a la época.
Quién desconozca la condición conservadora de gobernantes y gobernados que impera en la provincia, independientemente de su sesgo ideológico, no asume con objetividad el ejercicio de la realidad.
Quizás por eso, el representante local con más autoridad de La Libertad Avanza, Lisandro Almirón, es el un ejemplo de la ausencia de ética y conducta cívica. Fiel reflejo de los “beneficiarios de la casta”, aunque haya accedido al Congreso Nacional de la mano de un discurso falaz que la realidad se encargó de desmentir.
Y es por eso, que, desde la Casa Rosada, bajo el comando de Karina Milei, se observa en detalle como posicionarse en las elecciones provinciales. Porque, en definitiva, el resultado de las mismas, dará indicios de lo que pueda ocurrir con la elección de los tres diputados nacionales en octubre.
No hay ninguna duda que el gobierno nacional, por diferentes motivos, está interesado en hacer pie institucionalmente en la provincia a través de las urnas.
La estrategia es una incógnita. Pero se sabe, que las encuestas y los acuerdos subterráneos, son la base de su decisión para enfrentar al oficialismo provincial o diferenciarse como opción opositora a todo lo conocido y que hoy, está en oferta en el escenario electoral.
LOS NOMBRES Y LAS INTENCIONES
No se puede ignorar la relación entre los nombres de los candidatos y los intereses que impulsen sus candidaturas. Todo está atado a la convergencia de proyectos que viabilicen la supremacía de algún sector económico o de poder. Lamentablemente, los correntinos no pueden elegir su modelo de provincia o su expectativa de futuro. Por la incidencia de los intereses -disimulados u ocultos- está condenado a recibir lo que sobre o lo que quieran darle. Pasa inclusive con la actitud de gobernante autóctonos, cuyo universo político empresarial generó varios nuevos millonarios en detrimento de la sociedad y favoreciendo la precarización de la infraestructura, la salud, la educación, la seguridad y, hasta la administración de justicia.
Pero, todo mal tiene como contrapeso una acción que privilegia el bien. Esa es la decisión del elector. Inapelable e íntima. La cuestión es informarse, interpretar, reflexionar y definir. Un ejercicio que ningún candidato hará en beneficio de los correntinos.
