por Inocencio D´Laestaca
Las fiestas paganas continuan, terminó un carnaval y comienza el carnaval electoral. Sobran máscaras sueltas y hay pocas comparsas con personería validada. De cualquier forma, el papel picado fluirá con las sobras de las millones de boletas impresas inútilmente.
Año electoral y carnaval también. En ésta ocasión la fiesta tendrá ribetes impensados, surgidos de una necesidad impostergable: la supervivencia.
Poco importa la temática o plataforma electoral. El vestuario, hoy más que nunca, se asimila a cómo lo denominan los brasileros: fantasías. La armonía entre lo que se piensa, se dice y se hace, es una utopía que el pueblo interpreta comunmente como: verso o puro humo. La evolución, durante la campaña proselitista, estará llena de baches ideológicos, carpetazos y traiciones que redundarán en: una película ordinaria y repetida.
Párrafo destacado para la scola de samba, que obligada por las circunstancias, deberá improvisar habilidad rítmica a efectos de conciliar una suerte de la internacional socialista, la marcha peronista, y algunos compases del Horst-Wessel-Lied, entremezclados con la cumbia de moda.
Será un carnaval electoral inolvidable…
COMPARSAS, PyMES y SOCIEDADES ANÓNIMAS
De los partidos políticos, no se acuerdan ni los presidentes de los mismos. ¿Ejemplo? Gustavo Valdés, hoy presidente de la UCR, bautizó su “alianza o frente” con el nombre de su propio partido personal: Vamos Corrientes.
Histórico pero deslucido, el MID que utiliza el número 1 en su boleta electoral, cambia de ritmo a cada elección. En el 2017, con Camau Espínola; en el 2021 con Gustavo Valdés. Y para el 2025 ¿cuál será su posición?
Ni que hablar de la tradicional boleta número 2, cuyo usuario oficial será un PJ atomizado, tuneado por CFK a través de La Cámpora y con deserciones anunciadas e implícitas.
No faltan los clásicos demócratas, republicanos, populares, conservadores, etc. Pero a esta ensalada agridulce muy de verano, la pimienta viene de la mano del partido oficialista La Libertad Avanza. Un sello sin plataforma, que se escuda en una vertiente rebuscada del liberalismo, pero está constituido por un conglomerado de menemistas, radicales con peluca, out siders, empresarios, periodistas, esposas, suegros, hermanas y ¿por qué no? mercenarios. Firmantes y beneficiarios del partido que Karina Milei y los primos Menem construyeron utilizando no solo recursos del Estado sino también ejerciendo presión sobre los jueces federales con competencia electoral en varios distritos.
No hay que olvidar a los clásicos del Taragüi, representados mayormente por los devaluados autonomistas y liberales. A los que se puede adicionar la presencia del PaNu, de ELi, del PPC, y algún otro más que siempre surgen desde el poder al servicio del mismo.
PyMES que funcionan como partidos hay varias. Para muestra vale un botón, el partido Socialista, que en Corrientes regentea Pantaleón Almada y cuyas autoridades la componen la mayoría de familiares directos. O CiCo, angaú Ciudadanos Comprometidos, instrumento electoral de uso -y abuso- que utiliza Ariel “Alonsito” Baéz.
Y como muestra de desburocratización, aparecieron las SAP (Sociedades Anónimas Políticas) un remedo de las SAS (Sociedades Anónimas Simplificadas). Un conjunto de “emprendedores” que ven en la creación de partidos políticos un negocio, más que un instrumento jurídico, ideológico y social que les permite ser protagonistas en la vida democrática. Son grupos ejecutores del copie y pegue de “Plataformas electorales” y “Cartas Orgánicas” que inician los trámites para la obtención de “sellos de goma“, impulsados y financiados por poderosos anónimos que interpretaron el valor incalculable de un “sello partidario“. Aunque ese partido no tenga ideas, sede, o vocación de servicio y calidad cívica.
SIGUE LA FIESTA
El carnaval electoral será itinerante. No quedará ochava sin pisar por las diferentes “comparsas“. Ritmo, color y alegría serán desparramados a un costo incalculable. Con la tuya; la suya ciudadano; la de todos.
El Palco Vipi y las prometidas tribunas de cemento, quedarán donde están, a la vera de un camino a medias -y mal- construido. Promesa de varias campañas que otros tantos “reyes momos” supieron anunciar.
Ahora, gracias a la magia de la televisión; de la radio; de las redes sociales; el carnaval llegará a la intimidad de tu casa y tu teléfono. Inmediatez y saturación. Es lo que hay. Aunque te mientan. Porque lo que pasa y se dice en el carnaval electoral, se olvida rápido. Y se perdonan sin condicionamientos: las mentiras y las estafas.
Es tiempo de jarana. Algarabía compartida por los mismos de siempre. Máscaras sueltas de una sociedad que no asume su triste realidad. El jurado popular dará su veredicto después de agotadoras jornadas de mucho ruido y pocas nueces…
Pero, no importa el sentido de su voto o quién resulte ganador. Lo cierto, lo verdadero, lo innegable, es que siempre ganan ellos. Y los que votamos, perdemos todo. Somos meros arlequines. Ojalá, algún día, aprendamos a ser CIUDADANOS. En ese momento, morirá el carnaval electoral.
