por Ramón Laguna (ñe’ẽ puku*)
Corrientes no está en campaña. Está en guerra. Una guerra sin balas, pero con traiciones, pactos secretos, y discursos que harían sonrojar a Maquiavelo.
Si pensabas que la política correntina era un desfile de promesas y sonrisas, te equivocaste de provincia. Acá se juega con cuchillo entre los dientes y abrazos con veneno.
Valdés, el gobernador zen que juega al ajedrez con dinamita
Gustavo Valdés parece tranquilo, pero no lo subestimes. Mientras su hermano Juan Pablo se lanza como candidato a gobernador, él se saca selfies con Victoria Villarruel, la vicepresidenta que Milei llama “traidora”. ¿Casualidad? No. Es un mensaje cifrado: “No me caso con nadie, pero me acuesto con quien me convenga”.
Valdés no se sumó al frente federal de gobernadores, ni al mileismo, ni al PJ. Está en modo “esperar y negociar”, como buen radical con alma de mercader. Y si su hermano gana, él se convierte en el gran operador nacional. Si pierde, ya tiene el chaleco antibalas puesto.
Tincho Ascúa, el kirchnerismo con motosierra y sin filtro
Tincho no vino a hacer amigos. Vino a cortar cabezas. En un acto con Cristina, lanzó: “Si tenés huevos, competí con Cristina, que te vamos a ganar y meter la motosierra en el c…”. ¿Sutil? No. ¿Efectivo? Tal vez. El PJ logró una unidad milagrosa entre cristinistas y massistas, pero con recursos escasos y encuestas que no cierran ni con Photoshop.
En los pasillos del peronismo se habla de pactos con ECO para frenar a Valdés. Sí, el mismo ECO que lidera Ricardo Colombi, el exgobernador que tiene más vidas que un gato y más enemigos que un árbitro en Boca-River.
Teke Romero, el outsider con lengua de látigo
Y ahí está él. Teke Romero, el único que no se vendió, no se alió, no se arrodilló. Va con el Partido AHORA, sin padrinos ni sobres. Su campaña es austera, directa, y con una dosis de sarcasmo que haría llorar a Tinelli.
Desafió a Tincho Ascúa a un debate: “Con o sin Valdesito, o sos Tincho ‘Arruga’”. Y en redes, sus seguidores viralizan el hashtag #TinchoArruga con memes que harían temblar a los community managers del PJ.
Teke recorre pueblo por pueblo, prometiendo gestión transparente y candidatos elegidos por concurso público. ¿Idealista? Sí. ¿Ingenuo? No tanto. En una provincia donde los pactos se firman en servilletas y los votos se negocian como ganado, su discurso suena a revolución.
Camau Espínola, el medallista olímpico que juega en todas las canchas
Camau coqueteó dentro del peronismo con todas las tribus. Ya fue kirchnerista y peronista federal – Urtubey-; después aterrizó en el proyecto del cordobés Schiaretti. En ocasiones jugó para Milei, siendo un “alfil” de las estrategias de Santiago Caputo. El asesor monotributista del presidente, impulsó al variopinto senador correntino para candidatearse a la gobernación de Corrientes, como miembro fundador del Grupo Alondra.
Espínola terminó siendo un aliado de Gustavo Valdés. ¿Gesto de sobreviviente? Habrá que esperar, todavía tiene dos años de mandato en la banca de senador.
Este comodín de la política correntina, que siempre cae parado, es visto por los ciudadanos correntinos como “el Messi de la rosca”; otros, simplemente lo ven como el gran ausente en las “boletas” con poder de veto.
Pactos secretos, traiciones públicas y alianzas con fecha de vencimiento
– ECO y el PJ se tiran piedras en público, pero se guiñan el ojo en privado.
– Valdés y Villarruel se abrazan institucionalmente, mientras Milei los mira con cara de “me están serruchando el piso”.
– Camau negocia con todos, pero no se casa con nadie… En realidad, si lo hace, es con división de bienes gananciales.
– Teke Romero denuncia todo, y eso lo convierte en el único que no tiene miedo de prender fuego el tablero.
Corrientes no elige, Corrientes sobrevive…
El 31 de agosto no se vota un gobernador. Se vota quién va a manejar el “botín”. Y en esta campaña, el que sonríe demasiado, seguro está escondiendo un puñal. Porque en Corrientes, la política no es un arte. Es una guerra con traje y micrófono.
