En Corrientes, la democracia tiene aroma a chipá caliente y apellido repetido. Porque si algo nos enseñó el gobernador Gustavo Valdés en esta campaña, es que cuando no se puede reelegir, se puede heredar.
Y así, como quien pasa la llave del quincho familiar, decidió que su hermano Juan Pablo Valdés sea el candidato a gobernador por la alianza oficialista “Vamos Corrientes”.
¿Monarquía? No, no exageremos. Esto es una aristocracia de entrecasa, con escudo de familia, estructura territorial y bendición institucional. Porque si el pueblo lo votó a Gustavo, ¿por qué no a Juan Pablo? Total, el apellido ya está en los carteles, los mates, los decretos y hasta en los sueños húmedos de los intendentes oficialistas.
Juan Pablo, actual intendente de Ituzaingó, no es solo “el hermano de”. Es también el heredero legítimo del modelo de gestión, el portador del ADN gubernamental, y según las encuestas, el que mejor mide dentro del espacio oficialista. ¿Casualidad? ¿Meritocracia? ¿O simplemente buena genética electoral?
La movida, claro, no cayó bien en todos los rincones del radicalismo. Ricardo Colombi, por ejemplo, se sintió tan desplazado que armó su propio espacio, como quien se va del grupo de WhatsApp familiar porque no lo invitaron al asado. Y Pedro Cassani, otro histórico, se fue con los libertarios, dejando atrás la mesa chica para sumarse a la mesa de Milei, aunque sin postre ni vicegobernación.
Pero volvamos al punto: ¿es Corrientes una república o una monarquía con urnas? Porque si el gobernador no puede reelegir, pero puede poner al hermano, ¿no estamos frente a una sucesión dinástica con boleta oficial?
Y ojo, que Gustavo no se va del todo. Se rumorea que encabezará la lista de legisladores provinciales. Así que, aunque no esté en el trono, estará en el castillo. Porque en esta saga familiar, el poder no se pierde, se redistribuye.

Excelente análisis, la democracia nepotismo intenta seguir sometiendo a los Correntinos..espero el pueblo pueda Despertar….