Las dudas entre la lógica y la ignorancia cívica se manifestaron en los resultados de las elecciones legislativas nacionales en Corrientes, evidenciando una inesperada metamorfosis en el comportamiento electoral.
Se disputaron tres bancas de diputado nacional. Cinco fuerzas competían por obtener algún escaño. Gustavo Valdés —el capanga de turno— venía montado en un elefante, respaldado por su liderazgo territorial, ratificado apenas 56 días atrás cuando superó el 50% de los votos en las elecciones provinciales.
En esos mismos comicios locales, donde se jugaba todo —gobernador, intendentes, la mitad de los diputados y un tercio del Senado— el actual gobernador de Corrientes sepultó las aspiraciones de toda la oposición que, sumando guarismos, quedó a los pies de un oficialismo voluptuosamente legitimado.
METAMORFOSIS ELECTORAL
No fue hace años: entre la elección provincial de agosto y la legislativa nacional apenas transcurrieron dos meses. Pero ninguna elección es igual a otra.
Sorprendió el crecimiento exponencial del “partido” del presidente Milei: pasó de 60 mil a casi 180 mil votos. Una transformación radical en la preferencia electoral.
Vamos Corrientes, la alianza oficialista, perdió 18 puntos porcentuales a nivel provincial. Y lo más grave: claudicó en la Capital, donde resignó nada menos que 28 mil votos respecto a los obtenidos el 31 de agosto.
Observando el desempeño de La Libertad Avanza, que en la comuna capitalina creció de un modesto caudal de 27 mil votos —el 31 de agosto— a un inimaginable 78 mil y monedas el domingo pasado, la conclusión más lógica es que Milei se convirtió en el “jefe” de la voluntad electoral de los ciudadanos capitalinos.
TODOS LLEVARON UN “CARAMELO”
Acaso sin quererlo, pero con cierto sesgo de voluntad salomónica, los correntinos votaron para que cada fuerza “representativa” se llevara un “caramelo” a su carpa.
Vamos Corrientes, el sello gubernamental del territorio, aliado de última hora del nonato “Provincias Unidas”, a pesar del aparato y la hegemonía demostrada en agosto, obtuvo un escaño que le sirve como premio consuelo.
La Fuerza Patria —la versión anti-gorila en el contexto nacional— mantuvo la tradición y, con su piso histórico, logró renovar la banca que puso en juego. Cumplió, a secas.
El show y la euforia, como era de esperarse, quedaron en manos de los libertarios/liberales/luquivenga que, con la estelar y revisteril figura de Virginia Gallardo, multiplicaron por tres los votos obtenidos en las provinciales de agosto y se convirtieron sorpresivamente en la estrella del espectáculo electoral.
Lejos, casi como de adorno, quedó el candidato del espacio al que Ricardo Colombi (Encuentro por Corrientes) pretende transfundirle mística. El resultado honra el espíritu deportivo: lo importante es competir.
APATÍA, PERO CON VOLUNTAD ANTIPERONISTA
Arañando el 60% de participación de los electores habilitados (59,78%), un 70% de los votantes manifestaron su rechazo al “peronismo kirchnerista”. No hay que sorprenderse: en Corrientes, los conservadores son mayoría absoluta y permanente. ¿Y el peronismo? Respira por obra y gracia del espíritu santo, no por el esfuerzo ni el desempeño de su dirigencia.
Aun con viento en contra, la compañerada se las arregló para ganar en 11 departamentos, mientras que el valdecismo prevaleció en 9 y el mileismo se impuso en 5, dando el batacazo nada menos que en la Capital.
VALDÉS ABUSÓ DE LA CORRENTINIDAD
Gustavo Valdés no hizo campaña o, al menos, su mensaje no tuvo el efecto esperado en modo proselitista. Apoyado en la victimizada correntinidad, buscó argumentar lo irremplazable del federalismo, que parece ser sinónimo de equidad y justicia. Sacó pecho y vociferó que los legisladores de Vamos Corrientes llegarían al Congreso para reivindicar los derechos de la provincia.
Pero el archivo es cruel, y sus contradicciones lo dejaron en evidencia ante un electorado que solo tenía en mente una consigna: no más kirchnerismo.
La correntinada no compró su discurso. Tenía fresco el recuerdo de las veces que Valdés, por sí o por otros gobernadores aliados, apoyó las medidas de Javier Milei. ¿Por qué cambiar ahora? Al final, los soldaditos de Valdés, en menos que canta un gallo o aparece un negociado, van a acompañar lo que el anarcocapitalista proponga.
EL MILAGRO VIOLETA
En Corrientes, el milagro violeta vino engarzado en la opción más fiable. En una provincia reconocida por su rechazo al peronismo y al kirchnerismo, el respaldo electoral a la gestión antagónica del populismo inevitablemente debía volcarse a la “marca” del oficialismo nacional encarnado por La Libertad Avanza.
Así las cosas, los votos más “gorilas” de los partidos que integran Vamos Corrientes —o incluso del ECO reconvertido— fueron directamente a la bolsa de Javier Milei. Y, por el contrario, no pesó ni el vedetismo de Virginia Gallardo ni el de los otros integrantes de la lista.
La Libertad Avanza en Corrientes existe solo si está en juego el interés individual y personal del presidente anarcocapitalista.
CONCLUSIÓN: LA URNA COMO ESPEJO
Lo que ocurrió en Corrientes no fue una elección más: fue un espejo. Un reflejo de cómo la identidad política puede mutar, no por convicción ideológica, sino por reacción visceral. El correntino votó con memoria selectiva, con bronca acumulada y con una fe renovada en lo disruptivo. Pero también votó con una peligrosa indiferencia hacia los matices, como si la política fuera solo una cuestión de etiquetas.
En ese espejo, cada fuerza se vio como quería verse, pero el verdadero rostro del electorado sigue siendo un enigma: volátil, pragmático y cada vez más impredecible.
