En Esquina, la gestión comunal mantendrá su rumbo. A pesar de las maniobras del aparato gubernamental provincial para doblegar la independencia del municipio sureño, ni la omnipresencia de dos gobernadores —el actual y el electo— ni las zancadillas de la Junta Electoral lograron someter al electorado esquínense.
Esquina continuará en su camino. Así lo ratificó la ciudadanía, respaldando con su voto a un candidato que ya forma parte de la actual gestión comunal: Cristian Gastón Olivetti.
La fórmula de “Esquina Crece” —Olivetti y Piciochi— representa la continuidad de un oficialismo encabezado por Hugo Benítez durante dos mandatos. Por primera vez, ese modelo de gestión logra continuidad, aun con el recambio de nombres en los roles de conducción.
Las pretensiones de Gustavo Valdés de quedarse con la última comuna pendiente de renovación fracasaron, pese a todos los artilugios utilizados para imponer una hegemonía que, en las elecciones provinciales de agosto, se había materializado de forma contundente.
Quedó claro que los esquinenses tienen un concepto propio sobre lo que entienden como autonomía municipal. No asimilaron positivamente la imposición de nombres y candidatos designados a dedo que Valdés intentó instalar, utilizando incluso todos los resortes del poder central. Eso incluyó acciones vergonzosas ejecutadas por la Junta Electoral provincial.
ESQUINA NO SE DOBLA
Si la derrota de Vamos Corrientes por un puñado de votos en las elecciones comunales genera interrogantes, en paralelo, el triunfo del oficialismo provincial en la elección de diputados nacionales —por menos de 600 votos— deja en evidencia que los ciudadanos votaron con conciencia.
Las ofertas electorales, en cada categoría, fueron evaluadas y consideradas con criterio. La elección de diputados nacionales no mostró diferencias abismales entre las tres fuerzas más votadas. En cuanto a las autoridades comunales, las exiguas diferencias no fueron casuales, pero sí dejaron en claro qué modelo de gestión merecía el respaldo.
PERDIERON LOS VALDÉS
Gustavo y Juan Pablo Valdés, al mejor estilo “Batman y Robin”, intentaron convertir la comuna sureña en su propia “Ciudad Gótica”.
Instalarse en Esquina disfrazados de “la dupla del bien” fue apenas un ensayo caricaturesco, adornado con un candidato impuesto —Arnoldo Röhner— y el respaldo censurable a un “Guasón” como el senador Diego Pellegrini.
El discurso vacío y las promesas incumplidas del gobernador no cimentaron el éxito. Por el contrario, le restaron confiabilidad y compromiso: dos condiciones imprescindibles que los ciudadanos de Esquina valoran, especialmente cuando sienten que están al borde de caer del mapa provincial.

OTRA ETAPA
A las autoridades comunales electas les espera el desafío de administrar con criterio los escasos e insuficientes recursos que, sin excepción, afectarán a la mayoría de las comunas del interior provincial en los próximos años.
Más aún, considerando que el modelo centralista de los Valdés privilegia primero a la “Capital” y luego, por interés personal, favorece a su terruño: Ituzaingó, en la frontera cardinalmente opuesta a Esquina.
