CRISIS EN EL PARTIDO LIBERAL

La crisis en el Partido Liberal es indisimulable. Reunión de Santo Tomé con dos versiones. Hardoy disimula y posterga el desenlace hasta la Convención.

En el PL correntino la crisis es recurrente y a cada turno electoral surgen inequívocas señales de que la interna tiene un solo objetivo: asegurarse el carguito.

El sábado 30, en Santo Tomé, se concretó una reunión a la que concurrieron autoridades y referentes. En su origen, los organizadores de ese encuentro tenian un objetivo: discutir una estrategia que permita la convocatoria del Comité Ejecutivo con un temario definido que tenga el respaldo de una mayoría inamovible.

Sin embargo, el dato sobre el encuentro llegó a los oídos del presidente Eduardo Hardoy, que luego de indagar sobre ciertos detalles decidió concurrir a la cita para la que en principio no fue invitado.

Así como Hardoy se enteró de la movida, los organizadores también fueron notificados que el presidente estaba al tanto de la reunión y que asistiría. Los armadores de la reunión decidieron redoblar la apuesta: y bueno, si viene, mejor así escucha todo lo que tenemos para decirle…

LA REUNIÓN

Sin convocatoria orgánica ni valor institucional, al encuentro concurrieron autoridades y referentes liberales, con distintas visiones y disímiles intereses. Para Hardoy no hubo sorpresas. Hace tiempo tomó conocimiento que su gestión no satisface a la mayoría.

También, la mayoría de los presentes, forman parte de ese núcleo disconforme. Pero, no tienen representación efectiva en los órganos de conducción del Partido.

PL REUNIÓN SANTO TOMÉ 30 DE MARZO: TODOS JUNTOS

Esas dos condiciones, que no sea una reunión formal y no tener supremacía en su respaldo, impidió que Hardoy decidiera el modo, contenido y rumbo del debate.

Sin improperios pero con firmeza, cada uno de los oradores fue marcándole la cancha al presidente. Lo básico fue recordarle que su investidura le permite ser vocero oficial indiscutido de las decisiones orgánicas del partido, pero no le adjudica la potestad de decidir por sí solo.

La lista de reclamos y amonestaciones no se limitaron solo a su rol interno, también apuntaron a la subordinación evidente que le profesa al gobernador Gustavo Valdés, situación que involucra directamente al Partido y a todos los dirigentes como un aval sin límites, cuando en realidad no es así.

EL OTRO LADO

Son dos caras de una misma moneda. El otro lado de un mismo elemento. La moneda es el poder. O, disfrutar de las prebendas que el mismo te otorga o facilita.

En el lado disconforme hay personas que lo precedieron en su cargo; también aliados de esas personas; y hasta hace poco, aliados del mismo Hardoy. Es decir, dificil encontrar quien pueda arrojar la primera piedra.

Un poco de sinceridad y autocrítica hubiera resultado un mazazo para la mayoría de los presentes. Pero claro, el escenario y las circunstancias son especiales: año de elecciones y vencimiento de mandatos.

LA CRISIS

El Partido Liberal es una institución respetable. Su dirigencia, no goza de la misma consideración. No es de ahora. Es una situación que tuvo su nacimiento a partir de los exilios que le fueron quitando referentes, afiliados e identidad.

Antes de sus desmembramientos, el Partido gozaba de una existencia política. Después, apenas si logró mantenerse como una institución formal habilitada como instrumento electoral al servicio de algunas aspiraciones personales.

Esos personalismos llevaron al Partido a un constante vaivén en procura de mantenerse a tono con el poder para lograr -sin tenerlo- pertenecer. Sucesivas gestiones “dirigenciales” privilegiaron sus intereses más allá de lo ideológico, casi siempre sustentados por mayorías amañadas, cuando no ilegítimas, que permitieron el deterioro del Partido de manera irreparable.

A consecuencia de esas “administraciones”, el Partido quedó circunscipto a un grupo reducido de referentes cuyo poder decisorio era amplio y su representación nominal cada vez más cerrada o elitista.

Los resultados están a la vista, porque las evidencias son públicas y documentadas: el Partido quedó en manos de unos pocos al servicio de los intereses de ellos mismos.

Hoy, la crisis no es una novedad y, mirando el recorrido de la misma, la actualidad del Partido Liberal es consecuencia de una crisis permanente. Apenas solapada cuando se acomodan los cargos y las candidaturas. Y éste es un año, en el que hay elecciones y vencen algunos mandatos.

EL DOBLE DISCURSO

La mayor interesada en promover la reunión de Santo Tomé es Ana María Pereyra. Actual diputada y ex presidenta del PL, que el 9 de diciembre vence su mandato.

Destacada por su “adaptabilidad” a las circunstancias y los escenarios, en ésta oportunidad la realidad política la encuentra en el límite de su capacidad de maniobra. Dejó de ser confiable y, para el poder, ya no es útil.

Hardoy no es promotor del ocaso de su predecesora. Hizo la lógica: hacia adentro mantuvo la alianza para “manejar” el Partido. Hacia afuera: le soltó la mano y la dejó en evidencia.

Su aliada, imprescindible en su momento, hoy está debilitada. El gobernador no la tiene en cuenta; internamente, sus aliados son los mismos aliados de Hardoy. No por él presidente en sí. Pero, es el portero que abre las puerta donde atiende el poder.

Es decir, en la reunión de Santo Tomé, si la intención era condicionarlo a Hardoy lo obvio y concreto es que le recordaron lo que él ya sabe: las decisiones de alianzas y candidaturas las decide “La Convención“.

Quizás por eso, las primeras declaraciones periodísticas las hizo el presidente y aprovechó para minimizar la trascendencia y la sustancia del cónclave. Del otro lado, los mensajes por whatsapp dejaban trascender la impotencia y la decepción de quienes fueron a poner la cara para quejarse: no sirvió de nada… no hubo definiciones y no hay perspectivas… al final, fuímos usados.

Ese efecto del doble discurso que encarna irremediablemente Any Pereyra, motorizando un conato de rebelión que no fue tal, se traduce en el silenzio stampa que la rubia de ojos celestes mantuvo con respecto a la reunión.

La diputada no va a decir “esta boca es mía“. Su entorno dirá “es un gesto de discreción para no perjudicar al Partido“. Lo que no van a admitir, es que la última bala ni siquiera rozó el objetivo apuntado.

LIBERALES ERAN LOS DE ANTES

La vida política del partido es historia. La actualidad es apenas una escenificación de lo bueno que fue y ya no volverá a ser. Sobrevivirá, por ósmosis, como un fenómeno físico aplicable a la política: soluble y capaz de penetrar una membrana, es decir se disuelve -ideológicamente- pero bien puede adaptarse a otra estructura -alianza-. Es lo que hay. Y la renovación dirigencial ya eligió otros caminos u otros Partidos.

Ante esta realidad, cuyo cuestionamiento es improbable, porque los que “pecaron” saben que el “perdón” es auto administrado e imperturbable, no cabe otro razonamiento que imaginar un partido Liberal sin protagonismo estelar y apenas, sobreviviendo como oferta electoral para lograr más volúmen: propio -mínimo- y sumatorio positivo para el poderoso de turno.

El problema, y a las pruebas me remito, es que el Partido es una fábrica de políticos con condiciones -valorables o criticables- que terminan minando toda posibilidad de protagonismo ideológico.

Recordando algunos nombres y realidades: Pedro Braillard Poccard; Pedro Cassani; Ricardo “Caíto” Leconte; Juan José Marun; y la lista es más amplia, apenas se señalan aquellos que hoy tienen un Partido propio o que promueven un proyecto y una posible candidatura por fuera del PL.

¿Dejaron de ser liberales? No. Apenas interpretaron que su camino dentro del PL no tenía el destino pretendido.

Lo mismo ocurre con los liberales del llano, los que no son funcionarios o no tienen cargos: son liberales, pero no encuentran en el Partido el ámbito que les permita serlo al 100%.

LA DEFINICIÓN

Hardoy fue claro, las alianzas y las candidaturas se deciden orgánicamente. Pero, bien sabe el actual diputado y presidente del PL que inclusive su nominación no fue resultado de una votación en la Convención. El Partido Liberal, su dirigencia -en esa y otras oportunidades-, se sometió al poder de turno y tuvo que enviar una lista de 3 candidatos para que el Colombi o el Valdés de turno decida quién y en que lugar integraría las listas de legisladores de la alianza gobernante en representación del PL.

Peor aún, Lucrecia Lértora fue propuesta y puesta por Gustavo Valdés en la lista de senadores sin que el Partido lo supiera y luego, las autoridades del Partido tuvieron que tragarse el sapo de que la senadora representa al Partido Liberal. ¿Se entiende?

Sin ir más lejos, Ricardo “Caíto” Leconte renunció a sus “cargos partidarios” en el PL y se lanzó a la aventura de liderar un proyecto “liberal-libertario” que desde su inicio no tiene futuro ni liberal ni libertario, aunque el hijo del último gobernador liberal de la provincia sea el más puro de los adláteres de Javier Milei.

Y escudriñando más en la burocracia del partido, todavía nadie explicó porque hay miembros del Comité Ejecutivo que asumieron cargos nacionales sin dar explicaciones o por lo menos pidiendo licencia en el ejercicio de su representatividad política.

Los antecedentes son varios y la conclusión es inevitable: Any Pereyra deberá buscar otro espacio para ser candidata a algún cargo. Y la banca del PL, para por lo menos mantener lo que tiene, ya tiene un candidato firme. Lógico, apadrinado por Hardoy y aceptado por Valdés.

¿La Convención? Bien. Gracias.

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