Ricardo Colombi, tres veces gobernador y figura emblemática del radicalismo correntino, vuelve a escena con una campaña que apela a la nostalgia y al relato del “tío bueno”.
En el interior provincial, su presencia aún despierta adhesiones, especialmente en localidades donde su gestión dejó huella. Pero en la ciudad Capital, el veterano dirigente enfrenta un terreno hostil, donde su discurso parece haber perdido potencia frente a una ciudadanía que exige renovación.
UN COLOMBI PREVISIBLE
La estrategia de Colombi se apoya en la reivindicación de su experiencia y en una alianza -reiterada- con sectores del peronismo territorial. Sin embargo, en la Capital, su base de apoyo se limita a los radicales desencantados con Gustavo Valdés, y no logra seducir a nuevos votantes. ¿Quedó viejo para la nueva política? Todo indica que sí. Su estilo, más cercano al comité que al algoritmo, no conecta con una generación que consume política en redes y exige respuestas inmediatas.
Pero el problema no es solo de Colombi. La ciudad Capital se ha convertido en un laberinto para todas las fuerzas políticas. Por primera vez, siete fórmulas disputan la intendencia, y no hay favoritos claros. El microcentro, con su lógica de carteles y cafés políticos, ya no representa el pulso de la ciudad. Caminar los barrios, salir del casco histórico, revela un electorado desconfiado, decepcionado y dispuesto a cortar boleta.
Ese es el dato clave: el voto capitalino se ha vuelto autónomo. Ya no responde a la lógica de arrastre provincial ni a las estructuras partidarias. El correntino de la Capital está pensando en su ciudad, en sus problemas concretos, y en quién puede resolverlos. La fragmentación de ofertas, lejos de ser un síntoma de debilidad, puede ser una oportunidad para quienes entiendan que esta elección se define en la cercanía, no en los jingles.
Colombi, con su relato de orden y previsibilidad, puede tener algo que decir. Pero si no logra actualizar su lenguaje, abrir su estructura y conectar con las demandas urbanas, su campaña corre el riesgo de ser un eco del pasado. En esta Capital sin favoritos, solo ganará quien sepa leer el hartazgo y convertirlo en propuesta.
