Si se trata de continuidad, el cambio es una promesa vacía. Gustavo Valdés pretende embaucar a la “correntinada” aseverando que su hermano es la “continuidad con cambio”. La realidad, son un clan familiar que pretende implantar una monarquía… ¡CUIDADO ELECTOR!
Gustavo Valdés lo dice sin titubeos: su hermano Juan Pablo es “la continuidad con cambio”. Pero en Corrientes, donde los apellidos pesan más que los programas, esa fórmula suena más a slogan que a proyecto. ¿Qué propone cambiar Juan Pablo Valdés cuando su candidatura es, en esencia, una extensión del mandato familiar?
CONTINUIDAD Y CAMBIO: NO SE CONDICEN CON LA REALIDAD
La campaña oficialista se presenta como una celebración de la gestión. Obras, inauguraciones, caminatas con intendentes, promesas de parques industriales y fibra óptica. Todo muy prolijo, muy institucional. Pero detrás del decorado, lo que se exhibe es una maquinaria aceitada que hace uso —y abuso— de los recursos del Estado para posicionar a un candidato que, lejos de ser autónomo, depende absolutamente de su hermano gobernador.
Juan Pablo, actual intendente de Ituzaingó, fue ungido por Gustavo en un acto multitudinario, rodeado de intendentes que responden al Ejecutivo provincial. Su gestión local, si bien con algunos logros, no alcanza para justificar una candidatura a gobernador sin el respaldo explícito del aparato. Y ese respaldo no es gratuito: se traduce en inauguraciones estratégicas, anuncios de obras en municipios clave, y una presencia omnipresente del gobernador en cada paso de la campaña.
La contradicción es evidente. Gustavo Valdés habla de renovación, pero elige a su hermano. Habla de institucionalidad, pero convierte la gestión en plataforma electoral. Habla de federalismo, pero concentra el poder en un núcleo familiar. Y mientras tanto, los correntinos ven cómo el Estado se convierte en escenario de campaña, con actos que deberían ser de gobierno, pero que funcionan como spots políticos.
EL VERSO DE LOS VALDÉS
¿Y el “cambio”? ¿Dónde está? Juan Pablo repite los ejes de gestión de su hermano: modernización, desarrollo, inclusión. Promete seguir el Plan Corrientes 2030, mantener el equilibrio fiscal, y profundizar las políticas actuales. En otras palabras, propone continuidad sin matices. El único cambio visible es el nombre en la boleta.
La pregunta que muchos se hacen en voz baja es si Juan Pablo gobernará o simplemente administrará bajo supervisión. Porque si el poder real sigue en manos de Gustavo —ahora candidato a senador provincial—, lo que se está eligiendo no es un nuevo gobernador, sino un delegado.
En este contexto, la campaña oficialista corre el riesgo de convertirse en una puesta en escena. Una coreografía de gestión que oculta la falta de debate, la concentración de poder, y la utilización del Estado como herramienta electoral. Y eso, más que continuidad con cambio, es continuidad con control remoto.
