Aunque Juan Pablo Valdés será el nuevo gobernador de Corrientes, el verdadero arquitecto de su gabinete será Gustavo Valdés.
La definición de los nombres que integrarán el equipo ejecutivo se dará después de las elecciones nacionales del 26 de octubre, y no por capricho: hay razones tácticas, estratégicas y personales detrás de esa espera.
¿Por qué después del 26?
El desempeño electoral de algunos referentes, el hecho de que algunos candidatos ocupan cargos ejecutivos, otros fueron electos en las provinciales y, las negociaciones con los partidos aliados son factores que obligan a postergar definiciones. Pero el objetivo central es claro: dejarle a Juan Pablo un gabinete que lo asista, pero que siga respondiendo a las órdenes del mburuvichá, Gustavo Valdés.
Los cambios forzados
Hay al menos tres ministerios que tendrán renovación obligada: Educación, Obras Públicas, Ciencia y Tecnología
Ya sea porque fueron electos en otros cargos, desgaste político o reubicación de figuras, estos espacios deberán ser ocupados por nuevos nombres que se alineen con el esquema de poder que Gustavo Valdés pretende conservar desde fuera del despacho principal.
Además, se especula que la gestión de Marcelo Rivas Piasenttini en el Ministerio de Hacienda está “desgastada” por el paso del tiempo, y podría ser objeto de un enroque estratégico. Aunque no hay confirmaciones, su continuidad está en duda y dependerá del resultado de las negociaciones post-electorales.
Banco Provincia: bajo control directo
Otro punto sensible es el Banco de Corrientes, considerado uno de los pilares estratégicos del esquema de poder de Valdés. Con rienda corta y manejo directo, cualquier cambio en su conducción será leído como una señal de consolidación o apertura. Se habla de posibles movimientos en su directorio, aunque por ahora todo se maneja con hermetismo.
Aliados con pretensiones, poder con sello propio
Aliados con pretensiones de integrar el gabinete hay varios, pero Valdés pretende mantener la mayor parte del poder con soldados propios, ya sea provenientes de la UCR o de su entorno personalísimo. La lógica es clara: asegurar gobernabilidad sin fisuras y evitar que el gabinete se convierta en un espacio de disputa entre corrientes internas o partidos aliados.
Un gabinete con doble comando
La lógica detrás del armado no es solo funcional: es política. El gabinete que acompañe a Juan Pablo Valdés deberá tener capacidad de gestión, pero también obediencia estratégica. En otras palabras, no será un equipo de gobierno autónomo, sino una extensión del liderazgo de Gustavo Valdés, que buscará conservar influencia directa sobre las decisiones clave de la administración.
