El cierre de alianzas dejó más interrogantes que certezas. El gobernador Gustavo Valdés se jactó de haber armado el frente más amplio de la historia provincial, con 33 partidos encolumnados detrás de Vamos Corrientes, una falacia.
Cuando se rasca la superficie, lo que aparece no es una coalición robusta, sino una colección de sellos de goma, muchos sin personería jurídica, otros con conflictos internos que los hacen jugar en más de una cancha al mismo tiempo. Toda una pésima costumbre de los políticos correntinos: amontonarse para simular mayoría. Pero, muchos de ellos no tienen ni sede; no se les conoce quienes son sus autoridades; tienen vida institucional solo a los efectos de participar de elecciones, nunca solos, siempre aliados al oficialismo que los mantiene con prebendas, cargos y precarios espacios de poder. De estos kioscos panfletarios hay varios… Y Valdés sabe usarlos muy bien.
LA UCR, DEGRADADA A PARTENAIRE
La paradoja más brutal: la Unión Cívica Radical, partido centenario y columna vertebral del oficialismo, fue reducida al rol de partenaire del Partido Vamos Corrientes, creado por el propio Valdés para blindar su hegemonía. En la convención radical, el gobernador impuso la directiva: todos los candidatos del oficialismo deben ir bajo el sello Vamos Corrientes. La UCR, que alguna vez fue sinónimo de institucionalidad, hoy es apenas un apéndice funcional del proyecto personalista del mandatario.
ALIANZAS MÚLTIPLES, PARTIDOS DIVIDIDOS
Entre los “aliados” figuran espacios como el PJ, el Partido Liberal (PL) y el Partido Autonomista (PA), todos con fracturas internas que los hacen aparecer en más de una alianza. El caso del Partido Libertario correntino es aún más grotesco: anunciado como “conquista” por Valdés, su personería jurídica fue rechazada por la Justicia Federal, dejándolo fuera del escenario electoral. Un amague más que una incorporación real.
PREMIOS PARA LOS NUEVOS ALIADOS
Desde febrero, Valdés comenzó a premiar a los aliados con recursos estatales. ¿Cómo?
– Decretos de designación como Consejeros del Poder Ejecutivo, una figura opaca que no se publica en el Boletín Oficial.
– Transferencias en efectivo, sin trazabilidad pública.
– Vehículos oficiales para recorrer el territorio como si fueran funcionarios, cuando en realidad son operadores políticos.
Este esquema de clientelismo institucionalizado no es nuevo, pero sí más descarado. Se trata de una mala praxis administrativa, donde el Estado se convierte en una caja partidaria para sostener una arquitectura electoral artificial.
TODO POR JUAN PABLO
El objetivo final es claro: instalar a Juan Pablo Valdés, hermano del gobernador, como sucesor en la gobernación. La candidatura fue cocinada a fuego lento, con recorridas por el interior, encuestas a medida y una maquinaria territorial aceitada. Pero detrás del marketing político, lo que se ve es una dinastía en construcción, sostenida por recursos públicos y pactos de conveniencia.
¿DÓNDE ESTÁ EL LÍMITE?
La Justicia ya declaró inconstitucional el decreto 1260/2025 que intentaba limitar las alianzas municipales para favorecer al oficialismo. Pero el problema no es solo legal, es ético. ¿Puede un gobernador usar el aparato estatal para construir una sucesión familiar? ¿Puede degradar a su propio partido y premiar aliados con fondos públicos sin control?
EL PODER COMO BOTÍN
Valdés prometió modernización, institucionalidad y transparencia. Lo que entregó fue una alianza inflada, una UCR subordinada, una dinámica de premios por lealtad, y una candidatura familiar sostenida por recursos estatales. En Corrientes, el poder no se disputa: se hereda. Y el Estado no se administra: se reparte.
