domingo 14 agosto 2022

AHORA, BASTA DE CAMPAÑA

Terminó. A horario se cerraron las puertas de las escuelas. Una a una, cada urna pasó a ser un objeto “preciado”, aún siendo de cartón. La jornada democrática transcurrió sin sobresaltos, sin sorpresas, sin exaltación.

Votar es obligatorio, aún por sobre el “derecho” de hacerlo. Sin embargo, el caudal de electores se mantuvo en los guarismos tradicionales. Muchos ciudadanos no votaron. Y ese porcentaje de no concurrencia no está determinado sólo por aquellos que están exceptuados.

LA APATÍA

Sin confirmación oficial, el porcentaje de concurrencia de electores no superó el 65% en el distrito. El elector está decepcionado. Lo políticamente correcto sería usar el adjetivo “cansado”. Sin embargo, la insatisfacción es un reflejo del descreimiento en una clase política y dirigente que no hace lo que dice y tampoco cumple lo que promete. El ciudadano no sufre fatiga física a causa del incumplimiento de lo pactado. Y se revela, aunque esté obligado a concurrir a votar. Sí, la indiferencia por ésta cuarta elección en el año en la ciudad de Corrientes, está relacionada con el hecho de que el soberano ya no se deja sobornar, aunque la ley lo imponga.

EL DILEMA

Elegir u optar? Otro motivo para eludir la “responsabilidad impuesta”. Cada elección deja en evidencia que las estructuras políticas no se renuevan. Las mañas son eternas: se repiten candidatos o, se los impone a dedo. La “dedocracia” manda. En paralelo, la moda de ungir candidatos “sin” -historia, formación o triunfos- hace que el ciudadano no identifique “certezas” que logren convencerlo.

EL FUTURO

La vida del elector no muda. Cambia la perspectiva de vida del “electo”. Con el resultado en la mano, algunos festejan hasta la madrugada. Mientras, la absoluta mayoría de los ciudadanos se está levantando para ir trabajar. Si no laboran, no comen. Cómo cada uno tiene compromisos y expectativas diferentes, es lógico que a pesar de escenarios nuevos, nada cambie.

AHORA, BASTA DE CAMPAÑA

No hay motivos para seguir esgrimiendo excusas. No debe dilatarse hasta la próxima elección el hecho de hacer realidad tantas promesas. Hay que mostrar como mínimo, respeto. Consolidar los gestos que movilizan la participación cotidiana y desterrar los “circos de campaña”. Eso quizá conmueva al ciudadano y se anime a ser protagonista del futuro. No como ahora, que está obligado a garantizarle el futuro a algunos pocos.

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