En medio de contradicciones, pactos incómodos y una campaña que se deshilacha, Milei protagoniza su propio Panic Show. Entre sacrificios políticos, gastos desmedidos y una gira improvisada por provincias, el presidente enfrenta una semana clave donde deberá elegir entre el acting y la acción.
Javier Milei atraviesa su propio Panic Show, pero esta vez sin guitarra ni escenario: el ruido lo hace la política, y el vértigo lo genera él mismo. En medio de una semana cargada de contradicciones, sacrificios y simulacros, el presidente libertario parece haber entrado en una espiral de improvisación que ni sus seguidores más fervorosos pueden ignorar.
La caída de José Luis Espert no fue una decisión estratégica, fue un acto de supervivencia. Milei lo entregó como quien arroja lastre desde un globo que pierde altura. Lo hizo mientras reconocía públicamente que sus palabras no tienen anclaje temporal: lo que dice hoy puede ser lo opuesto mañana. Una confesión que, lejos de sonar filosófica, huele a desesperación discursiva.
El pacto con Mauricio Macri, ese viejo enemigo devenido en aliado condicional, se cocina a fuego lento y con fecha de vencimiento: el 26 de octubre. Milei sabe que necesita músculo político, pero también sabe que el costo de esa transacción puede ser su propia narrativa de outsider. Transar con la casta, pero sin que se note.
Mientras tanto, el presidente se ve obligado a ponerse la campaña al hombro. Su imagen, descuidada y errática, necesita territorio. Ya no alcanza con pisar suelo estadounidense o europeo: ahora deberá recorrer las provincias argentinas, aunque sea para la foto. Pero el tour libertario viene con gastos desproporcionados, agendas incompletas y visitas fugaces que dejan más dudas que certezas. En cada ciudad, Milei se mueve entre custodios federales, seguridad privada y los brazos cálidos de su jefa espiritual, como si el pueblo fuera un riesgo y no un respaldo.
La crucifixión -electoral- de Espert podría ser apenas el primer acto. Hay quienes señalan que una candidata con antecedentes turbios podría seguir en la lista de sacrificios. Y mientras se reacomoda internamente, afuera lo espera el Congreso con nuevas derrotas. El Presupuesto se demora, las promesas se diluyen, y el viaje a Estados Unidos se perfila como una limosna diplomática sin papeles ni respaldo.
Antes de eso, Milei intentará repetir su acting de cercanía en Corrientes y Chaco. Si el clima interno lo permite —y si el clima emocional lo acompaña— podría aterrizar el próximo fin de semana. Pero ya no se trata de sumar votos: se trata de salvar la ropa, aunque esté arrugada, aunque ya no le quede.
JULIO GEREZ – Editor – politicaencorrientes.com
