Mientras el gobernador Valdés revisa las cuentas provinciales, los municipios correntinos enfrentan una crisis estructural: dependen de adelantos, subsidios y obras sin recupero. La autonomía prometida por la Constitución se diluye en una gestión territorial marcada por la urgencia y la dependencia.
Mientras el gobernador Gustavo Valdés reúne a su Gabinete para revisar las cuentas provinciales, los municipios —incluido el de Capital— ya están en terapia intensiva. La situación es crítica: viven de anticipos de coparticipación, subsidios provinciales, y de obras ejecutadas por el gobierno que se hacen sin garantías de recupero. El modelo de gestión territorial parece haberse convertido en una cadena de favores con vencimiento incierto.
¿Autonomía municipal? Solo en los papeles
Aunque la Constitución garantiza autonomía, en la práctica los municipios correntinos no tienen margen de maniobra. La recaudación propia es baja, los gastos fijos se disparan, y los ingresos dependen de lo que la provincia quiera —o pueda— adelantar. El resultado: una dependencia crónica, donde cada intendente se convierte en gestor de urgencias más que en planificador de futuro.
Obras públicas sin recupero (ni reembolso)
La provincia ejecuta obras como pavimentación, iluminación o mejoras urbanas en territorio municipal. Pero el recupero de esa inversión queda en el limbo. No hay convenios claros, ni mecanismos de devolución. El sistema funciona bajo la lógica del “Dios te lo pague”, donde el agradecimiento reemplaza al presupuesto.
El ajuste ya se siente
En la reunión de Gabinete, los rumores apuntan a:
• Baja inversión en obra pública
• Ajuste en servicios no personales
• Restricciones presupuestarias
• Garantía salarial solo para empleados públicos activos y jubilaciones
Con la obra pública nacional paralizada y la “banca” oficial auxiliando al gobierno con un préstamo de emergencia para tener liquidez y pagar sueldos, el panorama es: la provincia se repliega y los municipios se ahogan.
¿Y ahora qué?
La pregunta no es solo cómo se sostienen los municipios, sino qué modelo de gestión territorial se está construyendo. Si la autonomía es una ficción, si las obras se hacen sin recupero, y si los intendentes dependen de adelantos para pagar sueldos, ¿qué queda del federalismo local?
