por Inocencio D´Laestaca
En una provincia donde las obras se aceleran por calendario electoral, los fondos públicos se triangulan para financiar campañas obscenas, y el periodismo se convierte en propaganda, el ciudadano vuelve a ser espectador de una puesta en escena repetida.
Los mismos nombres, las mismas promesas, el mismo engaño. Porque cuando Dios no demanda y la Patria no puede querellar, el poder se recicla sin culpa. Pero hay una salida: mirar hacia adentro, votar con coraje y decir, de una vez por todas, basta.
En Corrientes, el poder no se renueva: se recicla. Las caras que hoy se yerguen como candidatos del oficialismo y de la pseudo oposición no son nuevas. Son los mismos de siempre, los que giran en la calesita del poder cambiando apenas el “animalito” en el que se suben. Viejos nombres, viejas promesas, viejas mañas. Y lo más grave: viejas mentiras.
La actitud no es aislada. Es general. El “miente, miente… que algo quedará” se ha convertido en doctrina. Se nutren del engaño envuelto en promesas, confiando en que la memoria del ciudadano es más frágil que una gota de rocío. Y mientras tanto, el periodismo pautado garantiza el silencio, los fondos públicos se triangulan para financiar campañas obscenas, y las obras se apuran para mostrar gestión aunque sea en la fachada.
No hay renovación. Hay continuidad. No hay oposición. Hay reparto. Y no hay justicia, porque como bien dicen algunos, Dios no demanda y la Patria no puede ser querellante. Así, los juramentos se hacen en falso, y el pueblo vuelve a ser espectador de una obra repetida, donde los actores ya ni se esfuerzan por cambiar el guion.
Pero hay algo que no pueden controlar: la conciencia. Esa que no se compra con pauta ni se adormece con propaganda. Esa que, si se despierta, puede cambiarlo todo.
Este editorial no es solo una denuncia. Es un llamado. A mirar hacia adentro. A intercambiar pareceres con la propia conciencia. A votar en serio. Porque algún día, el pueblo dice basta. Y ese día, los que hoy se creen eternos, van a entender que el poder no es un derecho: es un préstamo. Y que cuando se traiciona, se devuelve.
