Por Redacción Política en Corrientes
Mientras Hugo “Cuqui” Calvano se presenta como un político ético, comprometido y desinteresado, tres investigaciones revelan una trama de contradicciones, negocios familiares y silencios incómodos. ¿Transformación o simulacro?
Hugo “Cuqui” Calvano, un mutante de la política que fue capaz de construir un buen pasar desde su alianza con el oficialismo -regenteado por Gustavo Valdés y gerenciado por Carlos Vignolo- después de haberse consagrado como un concejal humilde pero desafiante del status quo; “Cuqui” el mismo que inclusive utilizaba el servicio público de transporte para dar el ejemplo.
DEL OPOSITOR CRÍTICO AL FUNCIONARIO COMPLACIENTE
En sus declaraciones recientes, Calvano reivindica su trayectoria como concejal opositor, destacando su decisión de declinar una candidatura por el bien del proyecto. Sin embargo, el primer artículo de investigación revela que uno de sus primeros actos como funcionario fue mantener —y modificar a favor del municipio— el contrato con la empresa de fotomultas ANCA S.R.L., el mismo que él había denunciado como “instrumento recaudatorio” y “leonino” en 2016.
¿Dónde quedó aquel defensor del ciudadano indefenso frente al apetito fiscal? ¿En qué momento el sistema que antes era abusivo se convirtió en parte de la “transformación” que ahora defiende?
LA TRANSPARENCIA QUE NO FUE
Calvano habla de valores, de prácticas éticas, de acompañar sin pedir nada a cambio. Pero los documentos oficiales muestran otra cosa: contrataciones directas y concursos de precios a una empresa vinculada a su propio hermano, Juan Alberto Calvano. Sin cotizaciones claras, sin discriminación de bienes o servicios, y con errores en los nombres de las empresas, el procedimiento huele más a corporación familiar que a gestión moderna.
Y cuando la investigación periodística lo expone, ¿qué hace Calvano? Silencio. Ni una aclaración pública, ni una desmentida. Solo el borrado del perfil de LinkedIn de su hermano y el blindaje mediático. ¿Eso es “hacer lo que creemos”, como él dice?
EL DISCURSO COMO MAQUILLAJE
Calvano se presenta como un político que renuncia a la jugada individual, que prioriza el equipo, que acompaña sin pedir cargos. Pero los hechos muestran que sí hubo beneficios, sí hubo contrataciones, y sí hubo vínculos familiares que se intentaron ocultar. La contradicción entre lo que dice y lo que hace no es menor: es estructural.
Porque si el discurso es solo maquillaje, entonces lo que hay detrás es lo de siempre: poder, negocios, y una red de favores que se disfraza de militancia.
CONCLUSIÓN: ¿TRANSFORMACIÓN O SIMULACRO?
La pregunta que queda flotando es incómoda pero necesaria: ¿Está Calvano realmente comprometido con transformar Corrientes, o simplemente perfeccionó el arte de decir lo correcto mientras hace lo conveniente?
La ciudadanía merece algo más que frases bonitas y cafés de tres horas. Merece explicaciones, transparencia, y coherencia. Y si Calvano quiere seguir recorriendo la ciudad como vecino, que lo haga. Pero que no olvide que los vecinos también recorren los portales, leen las investigaciones, y ya no se tragan cualquier verso.
