por Julio Gerez
Cuando el intendente Eduardo Tassano habla del transporte público, uno no sabe si está describiendo un problema o intentando escribir un manual de evasión política. Su reciente intervención sobre la crisis del sistema urbano de pasajeros es un ejemplo perfecto de cómo llenar minutos de aire sin aportar una sola idea concreta.
Según Tassano, el transporte es “un combo muy complejo”. ¿De verdad? ¿No será que el combo lo armó él mismo con años de desidia, falta de planificación y una dependencia crónica de subsidios que nunca se supieron administrar? El intendente parece más interesado en señalar que el problema “trasciende lo local” que en asumir alguna responsabilidad. Es como si el colectivo se rompiera en la puerta de su despacho y él dijera que es culpa del clima nacional.
Lo más llamativo es su insistencia en que “hay que reelaborar” el sistema desde el ámbito nacional. ¿Reelaborar qué, exactamente? ¿Las tarifas que suben sin mejorar el servicio? ¿Las frecuencias que desaparecen como por arte de magia? ¿O los salarios de los choferes que se negocian a espaldas de los usuarios? Tassano no lo aclara. Porque no puede. Porque no sabe.
Mientras tanto, los vecinos siguen esperando en paradas sin techo, con colectivos que no llegan, y con boletos que cuestan más que un almuerzo. Pero el intendente prefiere hablar de “tensiones operativas” y “estructura financiera”, como si estuviera dando una clase en una universidad imaginaria donde nadie toma el colectivo.
Lo que se necesita no es una “coordinación con el gobierno nacional”, sino liderazgo local, gestión real y decisiones valientes. Tassano parece más cómodo en el rol de comentarista que en el de conductor. Y eso, en una ciudad que se mueve —o intenta moverse— en colectivo, es un lujo que no podemos darnos.
