domingo 27 noviembre 2022

EL DESTINO DEL JUEZ

Soto Dávila está en “cuenta regresiva”. Debe preparar su estrategia para la cita ante la Comisión del Consejo de la Magistratura. Ya hay indicios de las variantes que podrían definir su futuro.

Enero es largo. Siempre lo fue. Pero tal vez para Carlos Soto Dávila, el tiempo puede tener un valor ambivalente. Si la ansiedad lo agobia, el transcurso de las jornadas se tornará lento irremediablemente. Si por el contrario, la seguridad que puede brindarle su conciencia lo fortalece, el devenir de los días será vertiginoso.

FEBRERO, LA BATALLA FINAL

Para cuando tenga que presentarse ante la Comisión de Disciplina y Acusación, el Juez Soto Dávila deberá tener un “pronóstico” de mínima y uno de máxima, sobre cuál podrá ser el dictamen que el miembro informante presentará en un plazo no mayor a 30 días.

Su defensa, la producción de pruebas y el requerimiento de algún testimonio, serán parte importante para neutralizar su posible destitución. Pero no será lo más determinante.

Serán las negociaciones políticas, siempre presentes -aunque casi imposibles de certificar-, las que impongan un veredicto conveniente. No todo es ético y transparente, mucho menos, justo.

UN TABLERO DE AJEDREZ

Los magistrados, peones de la Constitución y las Leyes, suelen ascender a alfiles cuando el interés político por las necesidades del “juego”, los ubica en el cuadrante indicado. El lugar en el tablero lo determina la ejecución visionaria de una docena de movimientos estratégicos que se hilvanan con anticipación.

A veces, sacrificar una reina, es un acto impostergable en busca de un desenlace fulminante. Hay victoria, pero no hay derrotados. El juego de intereses se lleva puestos nombres y trayectorias. ¿Y el honor y la verdad? Bueno, últimamente, se puede conseguir vía internet, o recurriendo a un “delivery”.

En política no se exterminan enemigos. Siempre es mejor tenerlos como rehenes. Y el intercambio es un mecanismo que honra salvar una vida; por lo menos la que no es pública. No sería extraño que el juez sea colocado en la hoguera, pero sin encender el fuego.


ACORRALADO
El jueves 6 de diciembre asumieron los nuevos miembros del Consejo de la Magistratura, durante el Plenario el senador nacional Miguel Angel Pichetto, quién presidirá la Comisión de Disciplina y Acusación, dejó entrever que la cuestión Soto Dávila sería el primer tema a tratar y se dio vía libre al pedido del Juez Sergio Torres que pidió la suspensión y el juicio político del magistrado correntino.

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LA LÍNEA DEL MEDIO

La denuncia contra el juez Carlos Soto Dávila, fue aceptada y habilitó la sustanciación de los procedimientos previstos. El dictamen puede concluir que corresponde: a) desestimar la denuncia; b) imponer una sanción disciplinaria; o c) habilitar el proceso de remoción ante el Jurado de Enjuiciamiento.

Mientras, su par el juez Sergio Torres ya lo procesó “como jefe de una asociación ilícita en concurso real con cohecho pasivo agravado y prevaricato” y le trabó embargo por veinte millones de pesos; y en la misma causa, tomó similar medida con los otros miembros de la “gavilla”.

Soto Dávila, podría ser beneficiado con una sanción disciplinaria. Pero no volvería a ejercer la magistratura. Tendría que jubilarse, sería una “imposición” que representa un mal menor.

No es lo mismo ser destituido y enfrentar un proceso. Que hacerlo en condición de “jubilado”. Al final, en ambas situaciones, el juez Sergio Torres estará esperando para dar prosecución al expediente. Pero esa cuestión, será otra historia.


LOS EXPEDIENTES
Son diez los expedientes cuyo contenido sirvieron de base para las propuestas que impulsaron Miguel Pichetto y Pablo Tonelli, y por los cuales de acuerdo al Art. 20 -y con alcance del Art. 11- del Reglamento de la Comisión de Disciplina y Acusación, se decidió notificar a Soto Dávila y citarlo para el martes 26 de febrero de 2019, a las 10 de la mañana.

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