sábado 1 octubre 2022

FRACTURA “OFICIALISTA” EN EL SENADO

La fractura del bloque radical quedó expuesta en el Senado. La grieta tiene varias razones. Lealtad y traición son gestos circunstanciales. Parece…

En el senado, la fractura del bloque radical, es una realidad indisimulable. La sesión “caída” el jueves 18 expuso un recinto sin “quórum” y mostró la permeabilidad de gestos y actitudes que dan a la lealtad y la traición características “mutantes”.

UNA DE LAS RAZONES

Para algunos medios el motivo principal fueron las posiciones “contrapuestas” de los miembros del bloque ante el pedido de comparecencia al recinto del ministro de Hacienda, Marcelo Rivas Piasentini, solicitado por la oposición.

El proyecto de “invitación” a dar explicaciones, iniciativa del senador PJ José Ruíz Aragón, con apoyo de todo el bloque opositor, generó divergencias insalvables entre los integrantes de la bancada radical.

Es decir, en la Cámara Alta provincial el radicalismo tiene 10 senadores – los dos tercios del quórum propios -, pero no siempre el bloque responde a los mismos intereses.

A la postre, Ricardo Colombi, quedó “desnudo de poder” ante la deserción de tres compañeros de bancada que con su ausencia, le serrucharon el quórum.

El presidente de la UCR, ex gobernador y senador de la provincia habrá repetido mentalmente “por mi culpa, por mi culpa, por mi culpa”.

OTRAS MIGAS…

Según la visión extraoficial hay varios motivos que provocan el ensanchamiento de la grieta en el seno legislativo oficialista.

La “paridad de género” concebida por Valdés y demorada en su parición – a medias – por el senado, es uno de los escenarios domésticos donde la “guerra por el poder” libró una de sus batallas.

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El gobernador parece conjugar como verbos “memoria y venganza“. Por supuesto en tiempos verbales que le son convenientes para hacer valer su liderazgo.

¿ACUERDOS INCUMPLIDOS?

El desandar vergonzoso de la designación del defensor del Pueblo y sus adjuntos, es también, una “crisis sin solución” que involucra a los radicales y sus aliados. Pero más estrictamente a Gustavo Valdés y Ricardo Colombi.

Sobre todo cuando es evidente que esos cargos tienen por destino la elección de “ahijados” militantes, sea por efecto de preferencias personales o directamente relacionado a las promesas pre electorales acordadas el año pasado pretéritamente antes de que se consuma la reelección de Gustavo Valdés.

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Aunque en apariencia sea una cuestión menor, lo cierto es que esos tres “cargos” son parte de la “repartija” que el poder político impone por sobre lo que está normado. Es decir, el oficialismo dispone del Defensor y un adjunto y la oposición del Adjunto restante. Lo de “Defensor del Pueblo” es un eufemismo para mitigar la crudeza de que en realidad los funcionarios representan a los partidos políticos y no al pueblo al que deben defender.

Pero, para que se efectivice la “distribución” de esos lugares es imprescindible el “acuerdo” de una mayoría legislativa especial. ¿Y quién tiene la mayoría especial para el caso? El oficialismo gobernante.

Surge, se dice, a instancias de Ricardo Colombi una serie de objeciones con respecto a los candidatos que Gustavo Valdés y algunos aliados pretendían nominar.

UN VETO INFORMAL

El “veto” verbal del ex gobernador y actual senador dificultó la concreción de lo que ya se daba por hecho antes, inclusive, del vencimiento del mandato de Vallejos Tressens (Defensor del Pueblo con mandato vencido en noviembre de 2020).

Consecuencia, en medio de la injustificada inacción, Sergio Flinta se sinceró públicamente expresando que “es muy complicado cumplir con designar al Defensor del Pueblo, en función de como lo establece la norma“. Palabras más, palabras menos, quedaba explicita una excusa atendible si se tiene en cuenta que el mismo legislador fue participe de la formación de la norma que él mismo calificó como “exagerada” en relación a la mayoría necesaria para el acuerdo – dos tercios -.

Los dichos del “eterno” senador pueden interpretarse como una autocrítica o, una advertencia en el sentido de que la Ley como está, no sirve. También sirve para ganar tiempo y modificar la norma.

Así se evitaría la incidencia de Ricardo Colombi y sus “senadoras” propias a la hora de la decisión. Faltó decir que los votos retaceados desde el mini bloque “Ricardista” son la razón de la no designación de los “promovidos” por Gustavo Valdés para los cargos en discusión.

LOS ARBOLITOS, EL BOSQUE Y EL AÑO QUE VIENE

Ninguno de los tres hechos analizados precedentemente son más que “árboles del bosque“. La realidad política del radicalismo obliga a pensar en “el bosque“.

Todas las idas y venidas son producto de un “reacomodamiento” con vistas a las elecciones del 2023. Turno electoral que en Corrientes abarcará los cargos legislativos provinciales y comunales. Por separado irá la compulsa por la Presidencia de la Nación y las bancas de diputados nacionales. Ambas citas, son la ante sala del 2025, el año en el que la novela Valdés – Colombi tendría su capítulo final.

No es poco. Tampoco lo es todo. Cada socio y principalmente el radicalismo, integrantes de la alianza gobernante, están de “ojo” en las bancas a renovar en la legislatura provincial. Cargos que son apetecidos por la “conveniente” carga horaria y la escaza “exigencia” de productividad.

LA TÁCTICA DE VALDÉS Y LA ESTRATEGIA DE COLOMBI

Si alguien piensa que falta mucho, debe considerar que en política 30 años no son nada o, un paso mal dado te deja fuera del juego. ¿Cuánto tiempo se demora en dar un paso en falso?

Hay dos cosas fundamentales a tener en cuenta. En la lucha por el poder hay dos objetivos : mantenerlo o recuperarlo. Gustavo y Ricardo, en ese orden, se corresponden con los objetivos.

Para Valdés la prevalencia de su exposición mediática, el protagonismo pago en redes sociales y la aventura de la incursión en el escenario nacional son acciones bien fundadas. Le suman, a él. Le restan, quizá, recursos al Presupuesto provincial que amerita una urgente y mejor aplicación.

Sin embargo, para Colombi, remontar el “olvido y la indiferencia” de antiguos amigos y acólitos, es una tarea difícil. Pero no imposible. El “caudillo” – tal vez el último – no por méritos y sí por modos, conoce la esencia de la fibra más íntima de cada “focus group” de la correntinada.

Está abierta la grieta radical. No solo en la superficie. Muchos ya perciben el temblor a nivel de sus tobillos. Y otros se encomiendan a “Dios o hasta el Diablo” con tal de seguir siendo parte, aunque sea, del escenario.

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